Víctor estaba en su habitación sentado en la cama pensando en Ethel. No habían hablado desde que aquella última discusión que tuvieron el día antes de que Ethel se fuera a estudiar a Barcelona, gracias a la beca que había obtenido, hace ya un par de meses. Aún así, ella le había dejado un número de teléfono al que podía hablarle. Durante los últimos días, Víctor había sentido gran ansiedad de hablarle, pero no se había atrevido hasta ahora. Víctor tomó el teléfono y marcó el número que Ethel le había entregado. “Para que hablemos cuando estés más tranquilo” fue lo último que dijo Ethel antes de marcharse. Tras un tono de marcado que le pareció eterno, finalmente entró la llamada.
-Residencia universitaria Sarriá Buenas tardes–dijo una mujer al teléfono.
-Hola, busco a la Srita. Ethel, me dijo que en este número podía localizarla.
-Aguarde un momento
Pasaron unos minutos antes de que hubiera respuesta alguna. Mientras entró Bárbara, Víctor había olvidado que habían quedado de salir esa noche. Bárbara vio que Víctor estaba ocupado así que sacó un estuche de maquillaje de su bolso y comenzó a retocarse las pestañas.
-Buenas tardes, soy el gerente de la residencia. ¿Es usted pariente de Ethel?- dijo al fin un hombre al teléfono.
-No, solíamos salir juntos cuando estaba en México -Respondió Víctor algo preocupado.
-¿No tiene idea de que ha ocurrido con ella?
-No, no hemos hablado desde que se fue para allá
-Ethel lleva ya 2 semanas desaparecida.
-¿Qué? ¿De qué habla? ¿Cómo ocurrió? –Preguntó Víctor horrorizado
- Le contaré la historia. Todo comenzó cuando recibí una llamada de un profesor de la universidad, con quien al parecer Ethel se llevaba muy bien, que decía que Ethel no había ido a su clase los últimos 3 días. Incluso había preguntado a otros de sus alumnos y algunos profesores y nadie decía haberla visto en la universidad. Quería saber si le había ocurrido algo. En ese momento tan solo fui a la entrada de su habitación, toqué, y al no obtener respuesta tan solo le dije al profesor que ella no se encontraba en ese momento. Durante el resto del día pregunte a varios estudiantes y empleados de la residencia y tampoco nadie la había visto esos últimos días. Ethel no llegó en toda la noche así que por la mañana, temiendo lo peor, decidí irrumpir en su habitación. Introduje la copia de la llave en la cerradura de la habitación de Ethel y, tras un hondo suspiro, abrí la puerta. Pero ésta no se abrió por completo, la detenía la pequeña y dorada cadena corrediza, lo cual me preocupó aún más ya que se que esa cadena solo se asegura por dentro. Embestí la puerta de forma que se arrancó la cadena y se abrió por completo la puerta. Entré, Ethel no estaba ahí. Inspeccioné la habitación, todo se veía en orden. Era como si alguien hubiera estado ahí hace tan solo unos instantes.
Y así era, hace algunos minutos Ethel se encontraba sentada frente a su escritorio, decidida por escribir un ensayo sobre la percepción del yo, con su mano izquierda sostenía una pluma tinta negra con la que escribía cada una de sus frases. Después de haber escrito una página y media, Ethel comenzaba a sentirse un poco mareada y decidió comer unas cuantas galletas que estaban a su lado, sin embargo no mejoró su estado, al contrario se sentía sin fuerzas, el aire se le iba, y su corazón se aceleraba, era una sensación totalmente extraña, como su un viento la succionara.
De pronto Ethel sentía un calor inmenso, comenzó a sudar y poco a poco sus ojos se cerraban, se sentía totalmente débil. De repente los recuerdos de Ethel, quizá deseos comenzaron a aparecer, en su mente se iluminaba una imagen, aparecía y se iba, cambiaba de escenario, de personajes, etc.
Pero había una imagen que permanecía en su mente, dentro de aquellos destellos de luz que entraban en sus ojos, era ella sobre el piso de Galerías Cuernavaca, no sabía que había ocurrido con exactitud, - ¿Será esto una realidad? ¿Estaré delirando? ¿Qué pasa, todo me da vueltas?
Sin embargo, nada había ahí que sugiriera donde pudiera estar Ethel. La habitación llevaba ya varios días cerrada. Quise abrir la ventana y note que también estaba asegurada, lo que me intriga bastante. Hablé con la policía y dicen estar investigando el caso pero no se ha sabido nada. También di la noticia a sus padres, de hecho me sorprende que usted no sepa nada al respecto.
Y así era, hace algunos minutos Ethel se encontraba sentada frente a su escritorio, decidida por escribir un ensayo sobre la percepción del yo, con su mano izquierda sostenía una pluma tinta negra con la que escribía cada una de sus frases. Después de haber escrito una página y media, Ethel comenzaba a sentirse un poco mareada y decidió comer unas cuantas galletas que estaban a su lado, sin embargo no mejoró su estado, al contrario se sentía sin fuerzas, el aire se le iba, y su corazón se aceleraba, era una sensación totalmente extraña, como su un viento la succionara.
De pronto Ethel sentía un calor inmenso, comenzó a sudar y poco a poco sus ojos se cerraban, se sentía totalmente débil. De repente los recuerdos de Ethel, quizá deseos comenzaron a aparecer, en su mente se iluminaba una imagen, aparecía y se iba, cambiaba de escenario, de personajes, etc.
Pero había una imagen que permanecía en su mente, dentro de aquellos destellos de luz que entraban en sus ojos, era ella sobre el piso de Galerías Cuernavaca, no sabía que había ocurrido con exactitud, - ¿Será esto una realidad? ¿Estaré delirando? ¿Qué pasa, todo me da vueltas?
Sin embargo, nada había ahí que sugiriera donde pudiera estar Ethel. La habitación llevaba ya varios días cerrada. Quise abrir la ventana y note que también estaba asegurada, lo que me intriga bastante. Hablé con la policía y dicen estar investigando el caso pero no se ha sabido nada. También di la noticia a sus padres, de hecho me sorprende que usted no sepa nada al respecto.
-Eso es imposible –Dijo Víctor consternado.
-Lamento tener que darle tan malas noticias. Siento mucho lo ocurrido.
-Entiendo. Gracias. Hasta luego –Dijo Víctor quien apenas podía hablar en ese momento.
- Hasta luego.
Terminó la llamada. Víctor no lo podía creer. Ethel, a quien tanto quería, llevaba semanas desaparecida sin que él lo supiera.
-¿Qué ocurrió? ¿Con quién hablabas? –preguntó Bárbara inmediatamente después de que Víctor colgó el teléfono.
- Quise hablar con Ethel pero ella ha desaparecido. No lo puedo creer.
-Cómo te atreves a tratar de hablarle. Ella me choca y tú lo sabes. Odio cómo en ocasiones te la pasas pensando en ella en vez de pensar en mí. ¡Cómo la odio!, de hecho recuerdo haber escrito en aquel tonto árbol que tenían en Galerías que ella era lo que quitaría del mundo…
-¡No puedo creerlo! - interrumpió Víctor.
- En ese árbol todos escribieron que quitarían cosas horribles cómo la guerra y el dolor y tú ¿La pusiste a ella? – Dijo Víctor aún sin poder creer lo vil del actuar de Bárbara -Me voy. No soporto verte en este momento.
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