sábado, 27 de agosto de 2011

Carla, su cuarto propio y sus 500 libras

Carla se dirigía a comprar algunas pinturas para terminar su pintura en oleo, iba en la ruta 1 en dirección a la tienda de arte, iba tan apretada porque el camión iba bastante lleno y se sentía desesperada estaba a punto de gritar, cuando de repente se dio cuenta que ya estaba cerca la tienda de arte, como pudo pidió la parada para poder bajar del camión.


Al bajarse miro hacia arriba, algo había llamado su atención, entonces su vista se encontró con un anuncio, era bastante grande, este decía: ¿BUSCAS UN CUARTO PROPIO? LO ENCONTRASTE Y ADEMAS TE REGALAMOS UN AÑO DE RENTA (No dejes de leer Un Cuarto Propio de Virginia Woolf)



-"¿Será casualidad?, ¿Que haría yo con 500 libras al año y Un Cuarto Propio?" – pensó ella por un momento y después siguió con su camino.



Llegó a la tienda de arte y compró sus pinturas pero aquel pensamiento aún seguía en su mente, entonces se decidió a buscar ese tan famoso libro de Virginia Woolf, fue a una biblioteca, encontró el libro y se lo llevó.


En cuanto llego a su casa comenzó a leer el libro. Inmersa en las páginas del libro y sólo con la luz de una lámpara de escritorio, pasó toda la noche, no podía parar y eran las 4:00 a.m. cuando acabó. A pesar de no haber dormido no se sentía cansada, era como si su mente hubiera recibido un tipo de energía inigualable. Cerró el libro, se reclinó sobre su cama y empezó a pensar que a pesar de que el libro fue escrito hace tiempo las cosas no habían cambiado tanto.

Se puso a reflexionar acerca de su vida como hija, novia, estudiante, pero sobre todo como MUJER.
A pesar de que tenían más derechos actualmente, contaban voz y voto, no eran escuchadas las mujeres del todo.
Desde pequeña le habían inculcado sus padres a servirle a los hombres, que ella debía de lavar los platos al terminar de comer, incluso tenía que planchar las camisas de su hermano porque no era cosa "de hombres".
Había sido educada para criar hijos y mantener limpia una casa, pero no para ser independiente y buscar su propia felicidad sin depender de un hombre.
Primero su padre, luego su esposo, siempre tenía que someterse al mando de alguien, económica y moralmente.
Pensó en que ella no tenía literalmente un cuarto propio pues ella vivía con otra estudiante porque es originaria de Cuautla. Sin embargo, ella no se desmotivó ya que sabía que esto era pasajero, que el estudiar ahí era esencial para logar su independencia física y la del pensamiento. Sobre sus 500 libras, no se preocupaba porque las recibía de su padre, pero no era ese sentido el que ella le quería dar al dinero. Ella quería conseguir su dinero y así ser libre, no depender ahora de nadie. Carla se llenó de motivación, se sintió decidida a hacer todo lo necesario para terminar sus estudios y no depender de nadie más. Durmió hasta las 8:00, se arregló y con la determinación de un leopardo al atacar a su presa, Carla se fue hacia la universidad.

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