Alonso y Valeria decidieron quedarse en Galerías para tomar un café y continuar con la charla puesto que yo tenía cosas que hacer en casa.
Recordé las múltiples hojitas que había en el árbol de la vida, todas ellas describían un mundo de forma particular según cada una, perfecto; Un mundo en el que creían habría felicidad, pero si mágicamente lo que se deseó en el árbol se hiciera realidad en un instante ¿Nos sentiríamos felices y satisfechos? Lo dudo. Porque parte de la felicidad de alcanzar la meta yace en la satisfacción de que se hizo un esfuerzo al recorrer el camino, pensé.
Un montón de hojas con deseos del mundo ideal no basta, porque no todos pensamos igual y es justo eso lo que nos hace tener que dialogar unos con otros para llegar a acuerdos en el que conscientemente seamos verdaderamente felices. Y ahí otro detalle importante, la conciencia, que nos da a los seres humanos una característica única. Es vital estar conscientes de lo que hacemos, decimos y pensamos; sin otros alrededor que nos interrumpan nuestro verdadero y puro “yo”.
Un montón de hojas con deseos del mundo ideal no basta, porque no todos pensamos igual y es justo eso lo que nos hace tener que dialogar unos con otros para llegar a acuerdos en el que conscientemente seamos verdaderamente felices. Y ahí otro detalle importante, la conciencia, que nos da a los seres humanos una característica única. Es vital estar conscientes de lo que hacemos, decimos y pensamos; sin otros alrededor que nos interrumpan nuestro verdadero y puro “yo”.
Sin ir más allá, relacioné ese árbol con el libro de “Un mundo feliz” que había leído hacia tiempo en la secundaria, “Qué feliz me siento de ser normal”, ja ja.- diciendo en forma burlona.
-Hasta la fecha no logro comprender cómo es
que podían vivir en un lugar, así, repugnante, sin todas estas cosas, el amor de
la familia... una vida normal y no una vida programada y esclavizada, ¡por Dios!
esa historia es como una pesadilla, yo no quisiera vivir ahí.
Pero también creía que a pesar de tener una idea negativa de la felicidad, Aldous Huxley, el autor, también tiene hasta cierto punto un grado de reflexión porque la felicidad es un regalo para pensar e imaginar; para identificar realmente qué puede ser la felicidad, una “perfección” pre-definida o una lucha por conseguir aquello que queremos a través del esfuerzo.
Huxley presenta un futuro donde aparentemente, la felicidad no cuesta nada. Un mundo en el que desde la concepción cada individuo es condicionado para cumplir un propósito específico en la sociedad, del cual nunca se quejará. Un mundo donde hay diversidad de placeres y entretenimiento al alcance de todos.
Ese mundo, ciertamente cumple con muchos de los deseos que había en las hojas. En ese mundo no hay violencia, religión, pobreza, guerras, enfermedades, corrupción, soledad, ni contaminación, pero, aun así, es claro que sus habitantes no son verdaderamente felices.
Huxley presenta un futuro donde aparentemente, la felicidad no cuesta nada. Un mundo en el que desde la concepción cada individuo es condicionado para cumplir un propósito específico en la sociedad, del cual nunca se quejará. Un mundo donde hay diversidad de placeres y entretenimiento al alcance de todos.
Ese mundo, ciertamente cumple con muchos de los deseos que había en las hojas. En ese mundo no hay violencia, religión, pobreza, guerras, enfermedades, corrupción, soledad, ni contaminación, pero, aun así, es claro que sus habitantes no son verdaderamente felices.
Entonces, ¿Qué es lo que verdaderamente hace a uno feliz? ¿Habrá algo en el mundo que si desapareciera nos haría felices a todos? ¿Será acaso algo de lo escrito en aquel árbol? Traté de recordar todo lo que había leído en las coloridas hojas, nada de lo que venía a mi mente era una respuesta definitiva. -- Vaya regalo Huxley, me has dado tanto en que pensar- me dije.
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