lunes, 15 de agosto de 2011

Los diferentes caminos

Mientras caminaba por las tiendas buscaba el regalo ideal y recordaba el momento en el que Bárbara nos vio platicando y enfureció, reconoció el rostro de la mujer que amé por vez primera y que por azares del destino me volví a encontrar; fue en la cafetería de la universidad... Su nombre es Ethel, me encantaban sus dotes artísticos, su carisma y sobretodo su manera de hacer las cosas ordinarias extraordinarias.

-Son $15.90-
.Muchas gracias- le dije a la encargada, "Que bueno está este helado", me dije mientras saboreaba la primera cucharada.

Salí de una tienda con un bonito perfume rosa envuelto en papel metálico con un gran moño también rosa, su aroma era de sándalo y una mezcla de frutas. Pensé en los diferentes rumbos que ahora podría tomar nuestra relación. Lo primero que se me ocurrió fue que al llegar con ella seguro me recibiría enfurecida y gritándome: -¡Seguro estabas con esa zorra, maldito desgraciado!- y a punto de darme una cachetada le mostraría el bonito regalo; ella sorprendida y con un tinte de culpabilidad, me pediría perdón y lo aceptaría gustosa, tendríamos una bonita tarde de reconciliación.

O... podría llegar a su arrepentimiento desde el principio y recibirme con un fuerte abrazo y beso. Diciéndome que confiaba en mí y que cómo cualquier mujer que ama sintió celos. El regalo pasaría a segundo plano y sólo contaría como un pequeño detalle, nuestro amor sería lo principal. Al pensar esto inconscientemente pensé en Ethel, con Bárbara esto jamás pasaría.

O... podría ser (siendo fatalistas) que nunca llegara a su casa, que un accidente fatal me ocurriera y al no saber de mí, se enojara más pero cuando se enterara; ella sería la que cargaría con la culpa de haberse enojado injustificadamente un día antes de mi muerte.

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