miércoles, 31 de agosto de 2011

¿De qué están hechos los diamantes?

De pronto, la conversación fue interrumpida bruscamente; es probable que haya sido una falla en la sincronización de las ideas de los tres participantes. O al menos Zia se sintió desconectado de aquellas mujeres con las que había tenido la molestia de conversar.

Parpadeó varias veces, volviendo a su realidad, hasta que las cosas que lo rodeaban comenzaron a tener sentido de nuevo.
Se encontraba en su “lugar”. Realmente era una especie de cuarto, pero la palabra “lugar” es más apropiada para el caso. A fin de cuentas, lo importante de un cuarto es que nos aparte, como una cortina semitransparente, de nuestra realidad. De nuestros problemas y de los entrometidos que contaminen los pensamientos.

El cuarto de Zia estaba en un lugar muy alejado de la sociedad, y parecía un grano de café dentro de un costal de arroz. Parece que se había empeñado en que todo estuviera al revés con respecto al mundo perfecto.

Predominaban los colores oscuros. Las paredes, al igual que el piso, eran de madera, por lo que crujía al sentir pisadas. Había varios libreros en los cuales Zia guardaba los libros que le permitían divagar y en los que buscaba el pesimismo que tanto anhelaba.

También tenía una computadora y una cama matrimonial que nunca había compartido con nadie. Entre las decoraciones predominantes en las paredes había cuadros recientes pero con aire antiguo, representando guerras y odio. Tenía una pequeña réplica del Guernica de Pablo Picasso.

Las ventanas eran abundantes, pero de tamaño reducido. Apenas dejaban pasar los rayos de luz, los cuales Zia sustituía por velas, o una pequeña lámpara cuando éstas se agotaban. Aquel cuarto resemblaba más una cueva que alguna otra cosa.

Una cueva dónde podía dejarse llevar por sus pensamientos, en lo que les diría después a las dos de planetas distintos al suyo:

Así es, yo soy Zia, el del mundo “perfecto” aunque sinceramente no sé porque le llamamos así. Este mundo es muy aburrido, todo es repetitivo y rutinario. Las personas son felices; todos los días están sonriendo, platicando, conviviendo con los demás; todos son amables. Diariamente, salen de sus casas de manera efusiva para dirigirse al trabajo, unas van caminando otros usan transporte ecológico. Aquí nadie contamina; nadie tira basura, nadie insulta a los demás, nadie se ofende, nadie se enoja, nadie hace nada malo… ¡Nadie hace algo diferente!

La vida de cada ser humano es muy rígida, nadie llora, nadie grita, nadie sufre ni se acongoja, todos son felices y digo son porque para mí esta vida no es ser feliz. Aquí nadie se esmera por ser mejor persona día con día, todos tienen lo que necesitan o al menos eso creen tener, viven en un mundo conformista antes que perfecto. Nadie hace nada por cambiar, pareciera como si existiera un código de conducta el cual nos dice que hacer y cómo hacerlo. Nadie es diferente, aquí no existe la rebeldía la desigualdad, ni las diferentes formas de pensar, porque si eso existiera habría intolerancia y tendríamos problemas o diferencias.
Aquí todo es verde, lleno de flores y pájaros, los cuales armonizan con sus cantos las frescas mañanas de este planeta. En este planeta existe el amor por el prójimo, no tenemos desigualdades de ningún tipo, todos somos iguales, lo cual me parece absurdo, porque nadie puede destacar sobre los demás. ¿Acaso ser feliz significa ser conformista? ¿De verdad todos son felices viviendo así? Yo no comprendo esto, solo sé que me gustaría salir de aquí.

Tengo 500 diamantes, del tamaño de una naranja. 500 diamantes guardados en ese baúl antiguo que está al pie de mi cama. Son tan brillantes que cuando abro el baúl puedo alumbrar todo mi cuarto. Diamantes de esos que sólo aquí en el planeta “perfecto” pueden existir. Por años los he estado guardando, no sé ni por qué los he estado guardando si aquí en mi planeta nunca nos faltan diamantes para sobrevivir, podemos gastar y gastar y no pasa nada. Siempre tendremos más diamantes.

Esta semana he estado pensando demasiado. En mi mente surgió la idea de ocupar mis 500 diamantes guardados para escapar de mi planeta, ir a donde nadie más de mi planeta ha ido y ni han pensado en ir. Quiero ir a conocer otros lugares, los planetas de donde son esas chicas con las que hablé la otra vez, donde no todo es perfecto y rutinario, donde la gente no siempre está feliz sino que también saben qué es el enojo y la tristeza, donde exista gente que tenga sentimientos reales.

Y después de conocer todos esos planetas tan extraños y diferentes (aunque creo que más perfectos para mi), pensaría muy a fondo cual realmente sería mi mundo perfecto para vivir.

Estos 500 diamantes que tengo guardados desde hace años están hechos de puras ilusiones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario