Mientras subía las escaleras eléctricas, rumbo a la heladería, noté que mi zapato se adhería al piso provocándome una sensación extraña al caminar. Lo primero que pasó por mi mente era que un chicle se había adueñado de mis pasos. Sin embargo, cuando observé la suela de mi zapato, encontré algo totalmente diferente, era un pedacito de papel que tenía escrita la palabra felicidad y abajo en letras más pequeñas decía “juega con ella y te llevará hacia mí”. Decidí no darle importancia y boté el papel, seguí mi camino hacia la heladería.
Mientras saboreaba mi helado de nuez, no pude evitar pensar en aquel mensaje que por alguna razón había llegado a mí. Decidí escribir esa palabra en una servilleta y me quedé pensando “Felicidad. Fe-li-ci-dad.” Al separar la palabra por sílabas, me enfoque en la primera, y comenzaron a surgir palabras sin ningún sentido de mi mente y las anoté en la servilleta.
Fe:
Felino
Feliz
Fenómeno
Ferrocarril
Festín
No entendía qué era exactamente lo que estaba haciendo pero me dejé llevar por lo que sentía. Después anoté otras palabras con la misma terminación que la última sílaba:
Dad:
Bondad
Soledad
Amistad
Navidad
Comodidad
De pronto tenía un conjunto de palabras que había escrito sin motivo alguno y las acomodé por pares:
Felino - bondad
Feliz - soledad
Fenómeno - amistad
Ferrocarril - Navidad
Festín – comodidad
Me puse a pensar. En realidad, las palabras no tenían relación entre si, pero en mi cabeza comenzaron a surgir distintas oraciones que incluían los pares de palabras. Rápidamente las anoté en una nueva servilleta para no olvidarme de ellas, y fue así como terminé con éste párrafo:
Hasta el más grande felino tiene un corazón lleno de bondad,
Una persona feliz es capaz de alejar la soledad,
Ante cualquier fenómeno siempre sobresale la amistad,
Un ferrocarril es un buen regalo de Navidad,
No hay como un festín lleno de comodidad.
Después de leerlo un par de veces, me di cuenta de que todo este tiempo había estado jugando con la palabra “felicidad”. Había formulado aquél párrafo basándome únicamente en ¡una palabra! Al leerlo, me provocaba una profunda alegría, estaba sonriente. Había olvidado todo lo que me agobiaba, mis preocupaciones y tristezas. Me puse a pensar que quizás ese pequeño papel había llegado a mi zapato no sólo por coincidencia.
Jugando con la palabra, ¡encontré la felicidad!
Jugando con la palabra, ¡encontré la felicidad!
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