Carla, se encontraba paseando en Galerías Cuernavaca, caminando sin prisas porque al voltear a ver su reloj de pulsera se percató que aún tenía tiempo. Pues en su mente pensó: “Nunca llego tarde, pero odio que Vale lo haga siempre”.
Regresando al presente, Carla empezó a observar a las personas pasar, su forma de vestir y escuchando disimuladamente las conversaciones, fue entonces que su mirada se desvió por un instante y tras los transparentes cristales del aparador de una tienda de ropa alcanzó a ver una pareja que se encontraba dentro, él vestía un traje gris, camisa blanca con una corbata color vino, formal, hombre de negocios. Caminaba lentamente cruzado de brazos, aburrido, siguiendo con la mirada a su esposa, mujer de unos 30 años, alta, rubia, de cabello corto, ella vestía un vestido blanco cómodo, casual. Recorría rápidamente los pasillos de la tienda, ansiosa, curiosa. Cada vestido que ella veía lo acercaba a su cuerpo y luego con un gesto de desaprobación, lo devolvía y seguía en su búsqueda de aquel atuendo especial.
De repente, quizá habiendo sentido el peso de su mirada, el hombre la volteó a ver, por reflejo, la desvió. Pasados unos segundos volvió la mirada hacia la tienda de ropa, notó que el hombre, lejos de estarle prestando atención, caminaba hacia afuera de la tienda con la mirada fija en el colorido árbol; Curioso, bajó los brazos y empezó a caminar más rápido, pero justo antes de estar lo suficientemente cerca para leer las grandes ideas plasmadas en las ramas del árbol, su esposa lo alcanzó por atrás, lo jaló del hombro y lo apresuró a que la acompañara a otra tienda, sin más remedio, el hombre se dio la vuelta y se dispuso a acompañarla, mientras se alejaba volteó y dio un último vistazo al ahora misterioso árbol.
Aún pensativa, Carla siguió su camino al punto de encuentro: Mix-Up, dónde hacía 3 días había quedado de verse con sus dos mejores amigos, Alonso y Valeria.
Entrando a la tienda como era su costumbre, se acercó para recorrer los 2 estantes de éxitos del momento mientras revisaba su economía para ver si se compraba los 2 discos que había estado esperando todo el mes.
De pronto, volteó inesperadamente hacía afuera de la tienda creyendo que tal vez sus amigas habían llegado por fin, pero en vez de eso, decidió observar más de cerca el árbol que se encontraba en el centro de la Plaza y que minutos antes, aquel hombre lo había visto también.
Se quedó contemplando ensimismada el árbol lleno de reflexiones y antes de que pudiera ponerse a leer alguna, Valeria llegó por detrás.
-¿Qué tal niños como están? - dijo, mientras seguía con la vista fija en el árbol dándoles a entender que quería permanecer ahí por un rato para poder devorar todas las notitas de colores poco a poco.
- ¿Carla, Carla?- Y ella sorprendida lo miró: -Sí dime, Alonso-.
Podemos ir al área de comida, muero de hambre, dijo mientras le miraba con esa carita que siempre hacía para que ella no pudiera negarse y entre risas empezaron a caminar hacia la planta alta.
Pero mientras subían por las escaleras eléctricas observó a lo lejos por el Sanborns a dos niños, una niña y un niño, que podía asegurar, eran hermanos. Iban caminando más rápido que todos los demás como ansiosos por llegar a un lugar en especial. Detrás de ellos, sus padres los miraban de reojo de vez en cuando solo para asegurar que no se desviaran del camino.
Pudo ver que la hermosa pequeña pasó al lado del árbol echando una sutil mirada pero sin prestarle mucha atención, a diferencia de su hermano que se quedó parado frente a él admirando todo su contenido. Por la expresión que tenía, era obvio que estaba leyendo las notas adheridas al árbol; probablemente las mismas notas que Carla había intentado leer, con un acto fallido. Su hermana, al darse cuenta de que ya no estaba siendo acompañada, regresó en busca de su compañero. Presurosa, intentó alejarlo, pero su hermano tenía los pies tan fijos al suelo como su mirada a tan curioso objeto.
Cuando por fin lo logró, y en realidad no le tomó mucho tiempo, retomaron el camino. Me impresionó ver el cambio en el rostro del niño cuando se alejaba del árbol, era una expresión tal, que era obvio que permanecía reflexionando. Siguió caminando con su hermana y entonces me di cuenta que iban hacia la tienda de juguetes. Pero era claro que los propósitos del pequeño habían cambiado porque ya no parecía tan deseoso de adquirir el juguete por el que seguramente, era la razón de que estuvieran en la plaza.
No sé, pero quizás prefirió un rico helado de su sabor preferido, unos dulces, tal vez una deliciosa hamburguesa incluso la mera dicha de la compañía de sus padres y su hermana, qué sé yo, solo sé que después de leer las hojas del árbol él quería otra cosa.
Al llegar al área de comida, Alonso tenía antojo de una hamburguesa la ordenó y buscamos una mesa para sentarnos y platicar mientras esperábamos que su orden estuviera lista. Vale y yo estábamos muy entradas en el chisme de lo que había pasado en la universidad pero me di cuenta que Alonso estaba muy lejos de ahí, así que le dimos su espacio.
Aislado en su mundo, Alonso observaba a la gente de su alrededor, pero llamó más su atención una pareja que se encontraba a dos mesas de ellos, hablaban mucho, creo que discutían, o eso asumí por el tono agrio sarcástico con el que se hablaban el uno al otro. Parecían una pareja normal, el joven tenía una barba bien rasurada y cuidada, su ropa era de buen gusto, bien peinado, joven maduro de alrededor de unos 26 años a mi parecer; Su novia lucía un poco más joven de edad, o eso intentaba aparentar bajo todo ese maquillaje de la cara, típico de toda chica, siempre quieren lucir más joven cuando mas grandes están, llevaba una blusa blanca y floreada que combinada perfectamente con las flores que adornaban los comedores.
Me era casi imposible escucharlos entre tanta y tanta discusión. - Qué se vayan a discutir a otro lado – pensé. Este no es lugar para pelearse entre tanta gente que se encontraba comiendo tranquilamente en su respectiva mesa.
- Sabes que no me cae y todavía me lo presentas... – dijo el joven.
- Solo fue por educación Javier, además, sabes que él solo es un buen amigo mío desde la infancia - le respondió ella.
- Si claro Graciela, lo que tu digas... ya me cansé de que él siempre se la pasa insinuando, como te trata y la manera de cómo te habla, para mí eso no es de amigos. - dijo Javier en un tono de sarcasmo.
- Son solo tus celos Javier, ya te dije, te tienes que tranquilizar... por algo estoy contigo.- indiferentemente le contesto Graciela.
¡Vaya! pensé, al parecer tan solo es una típica discusión de novios, aún así, este no es lugar para discutir...
Orden veintiuno! - escuché gritar mi orden, me paré y fui directo por mi hamburguesa. Tenía tanta hambre que olvide decirles a las chicas que regresaba en un momento, salí corriendo por mi orden y al final regresé feliz.
-A vaya has vuelto a la realidad, le dije a Alonso mientras veía como regresaba con una sonrisa de oreja a oreja.
¡Sí!, lo siento sólo estaba observando, no lo volveré a hacer pronuncié en voz baja resignado.
Después de comer como loco, seguimos caminando por los pasillos de la plaza, me sentí algo abrumado al igual que Carla, vimos a ambos lados de la plaza, casi con envidia, al ver a tanta gente caminando sin preocupaciones, solo buscando divertirse, quizá iban al cine o solo iban a comprar algo. Y ambos nos preguntamos, ¿Qué pensarían todos ellos si descubrieran el árbol?
probando un comentario de forma anónima
ResponderEliminar