Ya en casa, Víctor comenzó a recordar el día de su rompimiento con Ethel. Fue ella la que decidió terminar la relación, dejándolo devastado. Había pasado ya casi un año pero Víctor todavía sentía muy fresca la herida. Durante este tiempo había tratado de bloquear todos los pensamientos que le llegaran sobre Ethel pero ahora que había decidido cambiar su manera de ser después de leer “Un Mundo Feliz” pensó que tenía que cerrar adecuadamente esa parte de su vida. Comenzó a buscar el libro que Ethel le había entregado ese 17 de julio y al hojearlo, de repente cayó en el suelo una cata. Víctor la recogió y leyó en voz alta.
“No soy la hermana de Shakespeare”
Desconcertado, lleno de tristeza e ira lanzó la carta y el libro hacia lo alto del closet. ¿Era esa su despedida? ¿Eso era todo lo que Ethel tenía que decirle después de tres años de relación?
Se sentó en la cama y por varios minutos lo que había leído en la carta de Ethel le rodó por la cabeza, releía y releía esa misteriosa línea.
- - No, Ethel no es de las mujeres simples; a ella siempre tenía que intentar descifrarla. Llamarle no es una opción.
Fue entonces cuando Victor se levantó. Tomó una escalera y se dirigió hacia el closet para alcanzar el libro que, apenas minutos antes, había furiosamente aventado. Desempolvó la cubierta y pudo leer que se titulaba “Un cuarto Propio” de Virginia Woolf.
- - Ah, de esos libros que todos te recomiendan, que sabes que tienes que leer, pero que nunca te das el tiempo -. Pensó Víctor.
Dos capítulos leídos y Víctor no encontraba ninguna referencia a Shakespeare o a su hermana.
- - ¿Sería si quiera cierto que Shakespeare tenía una hermana?
Fue hasta el capítulo tercero que Víctor lo encontró. Algunas frases le saltaban más que otras y no encontraba una relación directa entre lo que les había pasado y lo que el libro decía. Tuvo que releerlo más de tres veces.
“Entretanto, su dotadísima hermana, supongamos, se quedó en casa. Tenía el mismo espíritu de aventura, la misma imaginación, la misma ansia de ver el mundo que él. Pero no la mandaron a la escuela. (…) Pronto, sin embargo, antes de que cumpliera veinte años, planeaban casarla con el hijo de un comerciante en lanas del vecindario. Gritó que esta boda le era odiosa y por este motivo su padre le pegó con severidad. Luego paró de reñirla. Le rogó en cambio que no le hiriera, que no le avergonzara con el motivo de esta boda. (…) Hizo un paquetito con sus cosas, una noche de verano se descolgó con una cuerda por la ventana de su habitación y tomó el camino de Londres. Aún no había cumplido los diecisiete años. Los pájaros que cantaban en los setos no sentían la música más que ella. Tenía una gran facilidad, el mismo talento que su hermano, para captar la musicalidad de las palabras. (…) Ninguna mujer, dijo, podía en modo alguno ser actriz. Insinuó... ya suponéis qué. Judith no pudo aprender el oficio de su elección. (…) Sin embargo, ardía en ella el genio del arte, un genio ávido de alimentarse con abundancia del espectáculo de la vida de los hombres y las mujeres y del estudio de su modo de ser. (…) Nick Greene, el actor-director, se apiadó de ella; se encontró encinta por obra de este caballero y —¿quién puede medir el calor y la violencia de un corazón de poeta apresado y embrollado en un cuerpo de mujer?— se mató una noche de invierno y yace enterrada en una encrucijada donde ahora paran los autobuses, junto a la taberna del «Elephant and Castle».
Los recuerdos de sus últimos meses con Ethel llenaron su mente.
- - Sí, había planes de boda, pero eran muy a futuro y Ethel siempre parecía entusiasmada cuando tocábamos ese tema. Además, yo nunca la até a nada. Ethel podía haber hecho y deshecho sin que yo la criticara o la detuviera. Su futuro, sin duda, iba a ser brillante. Todo mundo lo decía. Ethel sacaba de las mejores calificaciones. ¡Esto ni siquiera tiene sentido! Nos hubiera ido bien juntos. Si ya había ganado su beca, obviamente iba hacia adelante. Ethel es la mujer más complicada que conozco…
Pero Víctor no lo comprendía realmente. Casi un mes antes de su rompimiento, Ethel ganó una beca importante. Un reconocimiento que marcaba un antes y después en su vida. Para Víctor fue motivo de alegría, para ella fue todo un acontecimiento. Ethel se dio cuenta de que podía hacer mucho más cosas de las que había pensado y que necesitaba madurar y ser independiente para lograrlas. Todos sus nuevos planes y sueños fueron convertidos, por Víctor, en actos de egoísmo y egocentrismo cuando le dijo que debían terminar.
Al menos, por un buen tiempo, las cosas seguirían así: Ethel buscando un cuarto propio, una vida propia; Víctor pensando en cómo complacer a Bárbara.
- - Bueno, Bárbara debe estarme esperando. Odia que llegue tarde. Está bien, no será la mujer más inteligente, ni la más interesante, pero al menos nunca me dejaría una carta con líneas que no entiendo.
Así Víctor salió de su casa. Conforme, o más bien, conformándose, con una relación de la que nada estaba aprendiendo y de la que probablemente se aburriría pronto.
Los muchos ríos van a dar a la mar,
ResponderEliminarasí, las muchas voces que en mí habitan,
se encontrarán, formando un remolino de ecos que cambiará la rotación del mundo y todos sus planetas.
He dicho.
Porque estoy escribiéndome.
Porque están escribiéndome.