-Tenemos que trasladarla, está recuperada-
-Sé que en Madero, Tamaulipas. Hay una clínica excelente donde podrá seguir con su tratamiento. Es la única del país-
-Está bien, iré a Madero. – dijo Ethel, todavía bajo los efectos de sus última dosis de fuerte medicamento. No recordaba nada.
Víctor caminaba por el parque más tranquilo de Madero sintiendo la brisa en su cara, mientras escuchaba el sonido de las aves, estaba pensando en Ethel cuando le pareció ver su silueta a lo lejos.
Llevaba puesto un vestido largo que entallaba su silueta y por un momento creyó que estaba soñando. Después de tanto tiempo sin verse, ahí estaban frente a frente bajo el calor del sol de mediodía. Sintió como un escalofrío recorría su cuerpo de pies a cabeza como la primera vez que se conocieron. De inmediato, se armó de valor y le dijo Hola. Ella lo miró a los ojos y por un instante el tiempo se detuvo a su alrededor, hubo un intercambio de miradas y las palabras sobraron.
Por su mente pasaba la primera cita que tuvieron, la primera vez que la tomó de la mano y pudo sentir el calor de su piel. El primer beso, el primer abrazo. De repente, ella interrumpió el silencio y le devolvió el saludo. -¿Cómo has estado? Hace mucho tiempo que no sé nada de ti. Se le hizo un nudo en la garganta.
-Pues, no tan bien como quisiera, pero... te extraño. Ethel se quedó helada y no supo que decir.
-Hoy es un lindo día, te invito un helado. Ella, sin hacerle caso a lo que decía su cabeza y siguiendo sólo al corazón, aceptó y caminaron por 3 largas calles bajo la sombra de los árboles.
Se dio cuenta que aún sentía algo por él, aunque no estaba segura que fuera amor, quizás solo era un cariño especial por los buenos tiempos.
A pesar de haberse separado hace mucho tiempo, no olvidaba su perfume, en cuanto se sentaron cerca, no pudo resistirse a pensar en lo caballeroso y lindo que era. Ese olor que guardaba en su memoria era inconfundible e incomparable. Un olor único que la volvía susceptible frente a él. Era capaz de derretirla en sus brazos y sabía que si no actuaba rápido algo iba a pasar.
-Lo siento, recordé que tengo cosas que hacer.
-Solo es un momento, prometo no robarte mucho tiempo...
-Quizás mañana, ahora no puedo.
-Solo es un momento, prometo no robarte mucho tiempo...
-Quizás mañana, ahora no puedo.
-No, Ethel por favor- gritó Víctor mientras se paraba para detenerla. Ethel se puso de pie y no dijo nada, tampoco lo vio.
-Está bien, te estaré esperando en el parque a esta hora.
-No te prometo nada-
La tomó del brazo y le dio un tierno beso de despedida.
Ella salió caminando rápidamente pensando en lo que había pasado y sintiendo aún ese olor impregnado en su nariz. Un olor que la torturaba y le hacía querer salir corriendo hacia sus brazos, la hacía llorar...
-Está bien, te estaré esperando en el parque a esta hora.
-No te prometo nada-
La tomó del brazo y le dio un tierno beso de despedida.
Ella salió caminando rápidamente pensando en lo que había pasado y sintiendo aún ese olor impregnado en su nariz. Un olor que la torturaba y le hacía querer salir corriendo hacia sus brazos, la hacía llorar...
Era obvio que Ethel sentía algo por él, no sólo cariño. Al estar tan sólo 5 minutos cerca de él, en su corazón empezó una revolución que llegaría a su cabeza y que la haría saber que seguía enamorada de Víctor. Y es que un amor como el de ellos, trasciende más allá de los cuerpos, más allá de la vida misma. Ella no sabía a qué se debía el llanto: no estaba triste, tampoco eran lágrimas de felicidad. Quizás eran las secuelas de su revolución interior: Su cabeza luchando en contra del corazón, diciéndole que lo de ellos ya había pasado, que él ya había tenido otros amores; su corazón diciéndole que él es el único amor de su vida. “Ganaba el corazón”, pensó ella, “por eso estoy llorando”.
Llegó al hotel donde se estaba hospedando. Llevaba a penas 3 días ahí. Ella iba todos los días a la clínica: tenía una terapia en la alberca y una en una cama especial que estimulaba todos los nervios de su cuerpo para asegurar su buen funcionamiento. Se preparó para ir hacia allá.
Ese día la terapia la disfruto como nunca antes. Se sintió tan relajada y tan feliz, fue como si su alma también se hubiera rehabilitado y hasta ansia tenía por volverlo a ver. Saliendo del centro, era otra Ethel. Tomó un aliento de esperanza y pasión y estaba decidida a dejarse llevar sólo por su corazón. Estaba decidida a atreverse, a tomar riesgos.
Estaba ansiosa, pero la terapia la dejó muy cansada y pronto cayó dormida. Al otro día se levantó tan contenta. Salió a comprar comida y estaba dispuesta a ver a Víctor otra vez.
Eran las diez aproximadamente, el sol apenas calentaba, el viento soplaba tranquilamente.
Víctor se encontraba en el mercado donde podía sentir prácticamente los aroma de las frutas, las plantas, los alimentos que ahí preparaban, pero iba hacia su casa, y para eso, tomó el transporte público donde podía escucharse el bullicio de la gente que platicaba dentro del camión, Víctor a pesar de todo ese ruido, iba concentrado en otras cosas como su hijo.
De repente el camión se detuvo y, oh coincidencia!, Víctor se asomó por la ventana del autobús, y fue tan grata su sorpresa, ya que a un lado iba otro camión pero la sorpresa fue que en el otro camión, se encontraba nada más y nada menos que Ethel, las pupilas de Víctor se dilataron, se ritmo cardiaco se aceleró y el aire la faltaba, estaba muy emocionado, tenía ganas de hablarle y decirle cuanto la amaba, el día anterior la había dejado ir y ya no lo haría nunca más; aunque lo hizo.
Ethel lo miró y en sus ojos se reflejó la misma sensación que en los de Víctor.
Víctor estuvo a punto de bajarse del autobús o arrojarse por la ventana para encontrarse con Ethel, y lo hubiera hecho de no ser porque en ese instante que había tomado la decisión de hacerlo se acercó hacia él una mujer, de tés blanca y una estatura media la cual estaba embarazada. En ese mismo instante a la mente de Víctor volvió el recuerdo de su hijo, el camión comenzó a avanzar y el autobús en el cual iba Ethel se alejó, por lo cual Víctor ya no pudo encontrarse con ella, Víctor desesperado, siguió en camino a su destino, distinto al de Ethel; Dos personas, dos caminos que se alejan el uno del otro, será una coincidencia o solo algo pasajero, ¿será que después los caminos se volverán a juntar?
Los dos se quedaron desconcertados. El destino los tomó por sorpresa y fueron tantos los sentimientos que no dejaron a la mente pensar ni actuar. Habían intercambiado miradas, se habían dicho tanto en esas miradas; los dos lo supieron, los dos lo notaron, sus corazones lo hicieron.
Cada quien ahora estaba en su refugio. Ethel en el hotel y Víctor en su departamento. El tiempo había pasado más rápido de lo que ellos hubiesen pensado, no lo notaron, tan sólo estaban con la mente fija en la necesidad de estar juntos.
Él no sabía dónde encontrarla, no sabía nada de ella. Víctor recordó que nunca había borrado su número de celular. Pensó en llamarle pero se le hizo ilógico que conservara el mismo número. “No importa agotaré todas las posibilidades”. Cuando Víctor iba a marcar, Entró una llamada:
-Bueno-
-Hola Vic, soy yo Ethel, ¿cómo estás? Dijo con la voz temblorosa
- ¡Ethel! Hola, estaba a punto de marcarte para ver si podíamos vernos hoy. Ahorita.-él tenía el deseo de meterse al celular y por fin abrazar a Ethel.
-También yo te marqué para eso, tengo muchas ganas de verte-
-Vamos a cenar, ¿te parece? Te necesito Ethel, no sabes cuento-
-Yo también, no puedo más-
-Dime dónde estás, iré en seguida-
Víctor salió de su casa apresurado, ansioso, nervioso, nunca se había sentido así. El camino fue eterno y al fin llegó. Se registró y subió las escaleras, no quiso esperar el ascensor. Tocó a su puerta, ella estaba ahí esperándolo. Le abrió y el mundo se detuvo en ese momento. Se lanzaron hacia el otro cual fieras hambrientas envistiendo a su presa. Lo inevitable llegó, sus bocas se unieron como una sola. Luego sus torsos, sus vientres, sus cuerpos. Se dejaron caer en la cama como seres sin sostén más que el del otro cuerpo. Fue así como se fueron desvistiendo poco a poco, los besos fueron más importantes, el amor antes que su deseo pasional.
Su amor se culminó en un instante mágico, un instante inolvidable para ese cuerpo fundido de dos cuerpos Ethel se dio cuenta de que sus terapias de los nervios habían estado funcionando. Se sintió con vida otra vez; Víctor sintió lo mismo. Sus manos reconocieron al amor de su vida, centímetro a centímetro, célula por célula. Ethel no hizo más que entregarse entera a él y dejarse llevar por sus sentidos.
Terminaron los dos cansados, agitados, sudados. No hicieron más que pasar la noche cuerpo a cuerpo, sin intercambiar más que un te amo. Durmieron como nunca antes lo habían hecho.
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