jueves, 13 de octubre de 2011

TERCERA PARTE: Tertulia de regalos

Una mañana de sol frío, en la terraza de la cafetería, nos dispusimos a calentarnos el corazón, nó sólo con la taza de café, sino con los regalos que cada equipo ofrecería a nuestra novela. Al segundo examen parcial del curso le llamamos: "Tertulia literaria". 
       Yo soy el espíritu de la novela, y desde ahí, desde ese compromiso heróico por mantener viva la llama en el ánimo de todos mis autores, vengo a ofrecer el regalo que la suerte, ¿ese capricho del destino respresentado, esta vez, por el jurado de la academia sueca?, ha puesto en mis manos.
El sueco Tomas Tranströmer, poeta del amor, el dolor, el tiempo, la muerte, la ausencia, pero también de la naturaleza y el deseo, recibe el Premio Nobel y este simple hecho de la realidad, hiende la "realidad" de una ficción que está en plena construcción: una novela que cambiará al mundo. Porque el primer poema que aparece habla de ALGUNOS MINUTOS frente al árbol.

¿Nuestro árbol?
¡Es el árbol de la vida, él árbol que venimos persiguiendo!
Por eso recibe el Premio Nobel, para que volvamos al árbol, para busquemos más y más significados entre sus insondables y frondosas hojas.
Así canta el poeta a nuestro árbol:

El pequeño abeto del pantano alza su copa: un trapo oscuro.
Pero lo que uno ve no es nada
frente a las raíces, las dilatadas, las que reptan ocultas,
el inmortal o semimortal
sistema de raíces.

Yo tú ella también nos hemos ramificado.
Más allá de lo deseado.
Fuera de Metrópolis.

Del cielo blanco lechoso de verano cae una lluvia.
Siento como si mis cinco sentidos estuviesesn acoplados
a otro ser
que se mueve tan empecinadamente
como los corredores vestidos de colores claros en un estadio
sobre el que chorrea oscuridad.

Un árbol no sólo es hojas, no sólo es ramas y tronco.
Un árbo es sólo el soplo frente a sus raíces, una ciudad subterránea, un mundo de redes, interconexiones, secretos, laberintos, por los que podamos transitar.
Un árbol es también las raíces por las que la novela puede conducir a sus personajes hacia el encuentro fundamental.

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