domingo, 30 de octubre de 2011

Víctor, su sueño, y Marte...


Después de un largo viaje de regreso desde Madero, Víctor llegó un tanto desconcertado y pensativo a la puerta de su departamento. ¿Cómo es que todo había ido de la manera que él menos había deseado? Entonces le vinieron unas ganas enormes de volver, de hace cambiar de opinión a Carla, pero también se dio cuenta de que si las cosas las había decidido así tenían una razón de ser. Tal como Carla lo había planteado, las cosas hubiesen resultado demasiado complejas entre ellos. La posibilidad de conocer y de responder por su hija estaban ahí, aún cuando no estuvieran juntos, pero por otro lado se acordó de esa frase que le había dicho a Carla.. "No me siento bien diciendo esto, pero tienes razón, a quien de verdad amo es a Ethel" ... fue ahí cuando se quedó atónito. Inmediatamente sintió algo frío que recorría su cuerpo; era el sentimiento de arrepentimiento, algo definitivamente no estaba bien. 

Su mente comenzó a darle mil vueltas, pensando en todas las cosas que habían pasado desde que se encontró con ese árbol en el centro comercial. Entre todos sus pensamientos sintió un sueño que caía levemente sobre sus hombros , como lluvia ligera. De pronto su último deseo, antes de caer en el sueño más profundo, pensó: “Ojalá nada de esto hubiera pasado”. Era un sueño fuera de lo común, Víctor  tenía esa sensación  de que a partir de ese momento las cosas no volverían a ser las mismas…. Su sueño comenzó con la imagen de Ethel, tan angelical, tan inocente, tan hermosa, tan ella. Iban tomados de la mano, paseando por Galerías Cuernavaca. Disfrutaban de su noviazgo a cada paso que daban, compartían un beso de vez en cuando. Soñaba y volvía a vivir cada instante, hasta cuando entraban al cine a ver una película de amor. Pero vaya sorpresa que se llevó cuando la película no resultó ser del todo agradable: unas escenas de violación invadieron su mirada. De ser un sueño lindo a lado de su novia, de pronto ésta desapareció; Carla tomaba su lugar ahora. Y cuando pensaba que todo estaba perdido, de pronto despertó.

Un aire húmedo lo envolvía, el calor simplemente dejaba sus huellas con unas gotas de sudor posadas en su frente. Se estiró un poco y comenzó a explorar su alrededor; esta vez no había despertado sobre su cama. Sintió la sensación de cerrar los ojos de nuevo, y desmentirse a sí mismo sobre el lugar en donde estaba recostado. El árbol de la vida, tan majestuoso y único, lo acogía con la sombre digna de Marte, aunque no lo protegía del todo del absurdo y sórdido calor del planeta. Todo giraba dentro de él, sentía cómo el corazón le palpitaba a mil por hora, casi saliéndose de su pecho. No podía creer lo que pasaba en ese momento, y sin embargo no tenía escapatoria. Víctor ahora estaba en Marte, sin posibilidad alguna de escapar del destino. Esta vez, sólo deseaba morir, o en todo caso que el causante de todas sus desgracias, nunca se hubiese cruzado en su camino. 

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