Después
de un largo viaje de regreso desde Madero, Víctor llegó un tanto desconcertado
y pensativo a la puerta de su departamento. ¿Cómo es que todo había ido de la
manera que él menos había deseado? Entonces le vinieron unas ganas enormes de
volver, de hace cambiar de opinión a Carla, pero también se dio cuenta de que
si las cosas las había decidido así tenían una razón de ser. Tal como Carla lo
había planteado, las cosas hubiesen resultado demasiado complejas entre ellos.
La posibilidad de conocer y de responder por su hija estaban ahí, aún cuando no
estuvieran juntos, pero por otro lado se acordó de esa frase que le había dicho
a Carla.. "No me siento bien diciendo esto, pero tienes razón, a quien de
verdad amo es a Ethel" ... fue ahí cuando se quedó atónito. Inmediatamente
sintió algo frío que recorría su cuerpo; era el sentimiento de arrepentimiento,
algo definitivamente no estaba bien.
Su
mente comenzó a darle mil vueltas, pensando en todas las cosas que habían
pasado desde que se encontró con ese árbol en el centro comercial. Entre todos
sus pensamientos sintió un sueño que caía levemente sobre sus hombros , como
lluvia ligera. De pronto su último deseo, antes de caer en el sueño más
profundo, pensó: “Ojalá nada de esto hubiera pasado”. Era un sueño fuera de lo
común, Víctor tenía esa sensación de que a partir de ese momento las cosas no
volverían a ser las mismas…. Su sueño comenzó con la imagen de Ethel, tan
angelical, tan inocente, tan hermosa, tan ella. Iban tomados de la mano,
paseando por Galerías Cuernavaca. Disfrutaban de su noviazgo a cada paso que
daban, compartían un beso de vez en cuando. Soñaba y volvía a vivir cada
instante, hasta cuando entraban al cine a ver una película de amor. Pero vaya
sorpresa que se llevó cuando la película no resultó ser del todo agradable:
unas escenas de violación invadieron su mirada. De ser un sueño lindo a lado de
su novia, de pronto ésta desapareció; Carla tomaba su lugar ahora. Y cuando
pensaba que todo estaba perdido, de pronto despertó.
Un
aire húmedo lo envolvía, el calor simplemente dejaba sus huellas con unas gotas
de sudor posadas en su frente. Se estiró un poco y comenzó a explorar su
alrededor; esta vez no había despertado sobre su cama. Sintió la sensación de
cerrar los ojos de nuevo, y desmentirse a sí mismo sobre el lugar en donde
estaba recostado. El árbol de la vida, tan majestuoso y único, lo acogía con la
sombre digna de Marte, aunque no lo protegía del todo del absurdo y sórdido
calor del planeta. Todo giraba dentro de él, sentía cómo el corazón le
palpitaba a mil por hora, casi saliéndose de su pecho. No podía creer lo que
pasaba en ese momento, y sin embargo no tenía escapatoria. Víctor ahora estaba
en Marte, sin posibilidad alguna de escapar del destino. Esta vez, sólo deseaba
morir, o en todo caso que el causante de todas sus desgracias, nunca se hubiese
cruzado en su camino.
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