domingo, 2 de octubre de 2011

Madero, Tamaulipas.

Esa misma tarde, Carla fue a visitar a sus padres, sabía que si no lo hacía en ese momento, le sería más difícil después. Tic-toc, tic-toc; sonaba su reloj, el camino se le hizo más largo de lo habitual, estaba muy nerviosa, así que, para tranquilizarse, se concentró en los murmullos y el beep-beep de los carros pues había mucho tráfico. Quiso entrar a su casa en silencio, pero olvidó lo escandalosos que eran sus mascotas, con unos fuertes gua-gua la delataron.

-¡Hija, qué grata sorpresa! No te esperábamos…- decía su mamá mientras caminaba hacia la puerta, la madera del suelo craqueaba.
-Hola mamá, tengo que hablar con ustedes.
-Sí, claro querida, ¿de qué se trata? ¡…Gustavo, baja! Carla acaba de llegar.

Carla no sabía por dónde empezar, esperó mucho hasta que las palabras salieron de golpe. Hubo un silencio muy largo e incómodo hasta que su madre lo rompió con sus sollozos.

-No, no puede ser, ¿por qué, por qué a nosotros, qué van a pensar nuestras amistades?

Carla también lloraba, pedía perdón una y otra vez pero no servía de nada; su madre no paraba de sollozar y la reacción de su padre fue peor, se levantó de su lugar y ¡tras! Le soltó una fuerte cachetada a Carla. Ella había deshonrado a la familia.

Después de pensar en las opciones que podrían tener, la solución a la que llegaron parecía sencilla, Carla se iría a vivir con una hermana de su mamá a la ciudad de Madero, en Tamaulipas. Carla debía irse lo antes posible, ya que su familia no se podía arriesgar a que empezaran a hablar mal de ellos, era una de las familias más distinguidas de la región y si alguien se enteraba, perderían el gran respeto que todos les tenían...



La brisa era fuerte, parecía que sería una larga noche y Bárbara se sentía muy frustrada, no podía ayudar a su familia tanto cómo le gustaría, sin embargo, estaba ya convencida que no podría dejar de trabajar. Por primera vez, supo lo que era tener que trabajar para poder mantenerse, y fue así que comprendió y valoró todo lo que su padre había hecho por su familia, suspiró. Se quedó meditando en el gran cambio que había sufrido, todo fue como un flash, tan rápido. Ring, ring; sonó su teléfono, una amigo de la secundaria se había enterado de su triste y lamentable situación, quería ayudarla.

–Hola, ¿quién habla?
-Hola Bárbara, soy yo, Enrique.  Me enteré de lo que pasó, la noticia me dejó en shock. Lo lamento mucho.
-Sí, fue muy triste, pero pues así es la vida y ahora tengo que trabajar para ayudar a mi familia.
-De eso quería hablarte, quiero ofrecerte un trabajo en el negocio de mis papás, te darían un muy buen salario.
-¿En serio? Gracias eso estaría muy bien, ¿en dónde, cuándo empiezo, qué haría?
-Es un negocio de ropa, y pensé que, como tú estabas estudiando algo de administración, podrías encargarte… Sólo que…
-¿Qué pasa?
–El negocio está en Madero, Tamaulipas.
-¿Hasta allá? Tendría que dejar a mi familia.
-Sí, ese es el inconveniente, pero la podrías ayudar de una mejor manera, piénsalo y me avisas mañana, ¿te parece?.
-Mmmm, ¿sabes qué?, sí, sí voy.
-Está bien, ¿quieres que te mande dinero para que te vengas?
-No, no te preocupes, ya bastante has hecho. Nos vemos en unos días.
-Sí claro, cuídate, nos vemos pronto.

Bum-bum, bum-bum, el corazón de Bárbara se aceleró de la alegría, sabía que con esta decisión podría ayudar más a su familia.
Al otro día, esperaba en la estación, cuando un tintineo anunció su camión; así, emprendió el trayecto hasta Tamaulipas en busca de esa mejor oportunidad, sin saber las sorpresas que le esperaban.



Víctor no podía creer todo lo que le había ocurrido ese día, empezaba a desesperarse, no podía ser real, habían cambiado tanto las cosas; como no sabía por dónde empezar, decidió sentarse y pensar cómo solucionaría todos sus problemas. Los primeros pensamientos que ocuparon su mente fueron sobre la conversación que había tenido con Carla y Bárbara…

Bárbara limpiaba el negocio en el que ahora trabajaba, éste se encontraba en un centro comercial, muy cerca de donde vivía, había rentado una habitación pequeña, no necesitaba más. Ella se sentía muy contenta ya que a ciudad le había gustado mucho y pensaba que ahora sí, su vida y la de su familia irían mejorando cuando vio a alguien que nunca hubiera esperado encontrar en ese lugar y momento, Víctor se encontraba a unos metros del local, tenía la mirada fija en el árbol centrado en la plaza.

-¡Víctor! ¿Qué haces aquí? Qué gusto me da verte, tenemos tanto de qué platicar…
-¿Bárbara? No, este no es el momento, no sé que decirte, mejor después hablamos, necesito más tiempo.

Víctor se alejó bruscamente de ella y chocó con una muchacha, era Carla, caminaba comiendo un helado, apenas había llegado a la ciudad y quería conocer esa famosa plaza. Bárbara volteó y la reconoció.

-Carla, ¿tú aquí, por qué? ¡Qué gran coincidencia que nos encontremos los tres aquí! ¿no te parece?
-¿Los tres?
-Perdón, ¿Carla? No te vi...
-Sí, Víctor, tú y yo. ¿Te acuerdas que te hablé de él? Pues es él, él es mi novio.

Carla quedó paralizada, sintió un escalofrío y no pudo evitar tiritar, -¿él es Víctor?-preguntó. Carla no creía en las coincidencias y sabía que el habérselos encontrado ahí era por algo, debía hablar con ellos.

Víctor sabía que ya la conocía pero no sabía de dónde.

-¿Tienen tiempo? Vamos por un café o algo ¿no? La verdad, es que hay algo que tengo que decirles y pues ya estamos aquí, cuanto antes, mejor- afirmó Carla.
-Ehhh, no tengo tiempo, tengo que buscar algo-contestó Víctor.
-Por favor, es importante.
-Está bien, pero sólo un rato.

Se sentaron los tres en una pequeña cafetería en el segundo piso de la plaza. Esta vez, Carla tampoco sabía por dónde empezar, cómo les explicaría lo sucedido, ¿Bárbara lo entendería? Empezó por explicarle a ella, le dijo que ella no era más que una víctima de las circunstancias, el problema era con Víctor pero era necesario que Bárbara escuchara cómo sucedió todo para que también se desengañara, Carla no era una mala persona.

Después Carla siguió con Víctor. De esa noche, Víctor sólo recordaba que había estado con alguien pero no sabía con quién, él escuchó a Carla pacientemente, ella le explicó cómo se conocían y que ella también había estado en esa fiesta.

-...En fin, todo esto es porque... Esa noche... Víctor, estoy embarazada y tú eres el padre del bebé. Esa noche me violaste, era yo.

Hubo un largo silencio, ninguno se percató de cuánto tiempo había transcurrido cuando Bárbara se paró de su asiento y entre lágrimas, sólo dijo:

-Víctor, ¿cómo pudiste? No puedo creerlo ¿tú? Olvídate de mí-. ´Bárbara se alejó lo más rápido posible, pensaba que su vida iba mejorando pero con esto, sentía de nuevo el mundo encima de ella, estaba destrozada, una traición así, nunca lo hubiera esperado.
-Víctor, no espero que te hagas responsable, sólo quería que supieras la verdad… Es problema mío el cómo solucionar esto.
Víctor no sabía qué decir, siempre había pensado en tener hijos pero nunca se imaginó que esto fuera tan pronto y de esta manera, por lo que sólo pudo responder:
-Carla, sí me haré responsable, sólo que, dame tiempo por favor, necesito aclarar algunas cosas. Lo lamento tanto…

Carla le dejó sus datos y se marchó, no tenía más que decir. Víctor se sentía mal, tenía muchos sentimientos encontrados, lo único que quería era sentirse protegido, que nada de eso le pasara quería regresar a viejos tiempos, cuando era completamente feliz; y sólo con una persona se sentía así, con Ethel, tenía que encontrarla…

Su mente quedó en blanco y se volvió a percatar del lugar en el que se encontraba, era tan lindo pero eso no lo tranquilizó pues ¡se encontraba en un lugar que ni siquiera sabía que existía…!

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