miércoles, 19 de octubre de 2011

El despertar de Genoveva


Trato de llegar a él, pero pareciera que las personas y el mundo entero evitan que lo haga. Entonces, una luz intensa aparece nuevamente desde el frondoso árbol,  pareciera que el suelo se convierte en un inmenso mar dorado; el cual, segundo a segundo, se va haciendo cada vez más inmenso y profundo. Miro nuevamente hacia adelante y pareciera que las personas que están a mi alrededor no pueden percatarse de lo que está pasando. Otro destello, ahora más cegador que el anterior, y el suelo ha desaparecido. Se ha convertido nuevamente en aquel extenso vórtice y nuevamente voy cayendo en él. Fue el mismo que me trajo al mundo perfecto, pero ahora hay en el fondo una fuerza que me está jalando hacia el fondo, hacia la luz.
Segundos después, poco a poco, voy recuperando el sentido. Mi cuerpo se siente muy pesado, tanto que mover un poco mis manos me cuesta mucho trabajo. Lo mismo pasa con mis párpados cuando trato de abrirlos, es tan frustrante. Comienzo a oír unos ruidos muy bajos, pero al cabo de unos segundos se van haciendo aún más específicos y puedo adivinar de qué sonidos se tratan.
Escucho el sonido de un pulsímetro; muy a lo lejos, algunas voces y los sonidos de los autos de afuera. Abro lentamente mis ojos y en ellos se va formando (aún en las sombras y algo borrosa) la imagen de lo que parece ser una habitación. Percibo un olor, un olor parecido al que tienen las cosas cuando son nuevas. Mis manos y piernas empiezan a sentir las sábanas que están algo rasposas. Ahora la imagen que mis ojos perciben es más nítida, ahora no solo compruebo que me encuentro en una habitación, sino que empiezo a ver que no estoy sola. Hay más personas, dos de ellas vestidas de blanco, probablemente sean un doctor y una enfermera. Se acercan a mí con una cara llena de asombro y emoción. A lo lejos, levantándose del sillón del fondo (también con la cara llena de sorpresa y alegría) hay una persona. Al principio me pareció conocida pero no estaba muy segura de que fuera algo mío. Cuando la vi un poco más de cerca comprobé que sí la conocía.. Cuando recuperé completamente el sentido pude escuchar perfectamente la voz grave del doctor…
-Mueve la cabeza si me puedes escucharme-
Inmediatamente la moví, a pesar de que aún me pesaba un poco el cuerpo, pero ya no se sentía tan pesado como minutos antes.
-Parece ser que no hay daños secundarios, pero para estar seguros de que sea así haremos los estudios necesarios- dijo el médico, mientras la enfermera anotaba en la libreta y mi madre se acercaba hacia donde nos encontrábamos.
En ese mismo momento comencé a recorrer toda la habitación con la mirada y justo cuando el médico le terminó de darle las instrucciones a la enfermera y antes de que hablara con mi madre…
-¿Dónde estoy?, ¿esto es todavía el planeta perfecto?, ¿qué fue lo que me pasó?-pregunté.
En ese momento todos se me quedaron viendo con cara de consternación. El médico comenzó comunicarse con mi madre con la mirada y segundos después…
-¿Cómo que el planeta perfecto?, este es el Hospital Ángeles Lomas.
-Sufriste un accidente hace un mes que te hizo entrar en coma.
-Quizás estar tan desconectada del mundo real te hizo creer que te encontrabas en otro mundo.
-Bueno, me retiro. En un momento vendrán por ti unas enfermeras para que te lleven a realizarte los estudios que te he mandado.
Pasé unos días más en el hospital hasta ser dada de alta. Parecía como si nada me hubiera pasado durante un mes, mi cuerpo estaba en perfecto estado pero yo sabía que el planeta de las sobras no había sido un sueño, sabía que realmente había conocido a Ethel y había vivido todo ese sufrimiento. Mi familia decidió que lo mejor para mi sería descansar por un tiempo así que me trasladaron a la casa de la familia en Tepoztlan, Morelos.
Desde que bajé del auto comenzó la maravillosa experiencia. Pude percibir el olor a monte, la tierra mojada porque acababa de llover, el olor del perro acercándose para que lo acariciara, el viento fresco en mi cara. En la terraza de la casa había una hamaca y mientras descansaba porque mi cuerpo se encontraba algo débil por haber estado tanto tiempo en reposo, pude observar el paisaje. El hermoso e imponente cerro del Tepozteco con su belleza única y particular, repleto de vegetación: arbustos, árboles, pastizales. Y en lo alto como mágicamente aparecida ahí, la pirámide postrada en el medio, rodeada de toda esa belleza de la naturaleza. Sentí nuevamente lo glorioso de una siesta a media tarde arropada con una cobija columpiandome en la hamaca. Sentí como si en ese momento nada podiera salir mal, todo era perfecto. Cada sensación la disfrutaba: el sentir el fresco del atardecer a la orilla de la alberca, el olor del huele de noche, el sabor de un delicioso tamal verde recien traido desde el pueblo y para terminar, el alivio para ese fresco de un atole de cajeta hecho en casa. Esa noche dormí como un bebe sin pesadilas, sin pensar que despertaría en aquel horrible planeta, sin temor por mi vida. Descansé como si no hubiera pasado un mes postrada en una cama en coma, descansó mi espíritu.
A la mañana siguiente me sentía llena de paz interior y energía positiva así que decidí emprender la subida del cerro hasta llegar a la pirámide. Fui solo para reconectarme conmigo misma. Mientras avanzaba y la subida se hacia más pesada pude experimentar la sensación del cuerpo cansado, pero me gustó y continué avanzando. Pareciá la subida hacia algún lugar paradisiaco, rodeado de árboles de diferentes especies, pájaros y animales. En este regreso a la tierra me sentía afortunada de todas esta cosas que antes consideraba de todos los días. Finalmente, realmente agotada pero plena llegué a la cima y me senté a contemplar todo lo que me rodeaba, no sin antes disfrutar de la satisfacción de beber agua estando tan sedienta. Cerré los ojos, sintiendo la brisa en mi rostro y dejé fluir mis pensamientos.
El paisaje era hermoso. Ver verde por todos lados deja una sensación tan refrescante. Respiré, lenta y profundamente; pude rastrear el camino del aire desde mi nariz hasta mis pulmones. Aire limpio, para purificarme, para darme fuerzas y poder comenzar de nuevo. ¡Qué diferente es este lugar al mundo de las sobras! Aquí puedo correr, aquí el sol pega sobre mi cara y los mosquitos se paran en mis brazos; aquí hay vida por todos lados. En este mundo puedo ser yo y nunca jamás me había sentido tan feliz.


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