miércoles, 5 de octubre de 2011

Tan perfecta que es la imperfección

Zia no podía creer que finalmente estaba en el país que tanto había anhelado. Podía respirar un aire diferente ¿qué era eso? ¿contaminación? Sonrió encantado, sólo la había leído en los libros que tenían en su planeta perfecto. Se sentía un poco mal por Víctor, ahora estaba en el planeta perfecto y solo... no sería gran problema, ya que ahí cualquiera le podría ayudar, todos eran amables y decentes (¡pero qué sorpresa!). Aún no sabía cómo era que había podido aparecer en el planeta neutral, sólo sabía que estaba fascinado. Pensó por unos momentos en Gennie. Ella estaba igual de desesperada por aparecer ahí y no lo había logrado. Debía ayudarle, sabía que debía ayudarle, y la única manera era con el árbol de la vida que tanto mencionan. Sólo tenía que encontrarlo...

"¿Dónde voy a encontrarlo?" se preguntó molesto y decidió que ahí parado no lo haría, mejor caminaría.

La ciudad era impresionante; había gente que escupía en la calle, gente que tiraba basura, gente besándose en la acera, gente riendo abiertamente mientras que otros se gritaban palabras que Zia nunca había escuchado en su vida. Libertad. Volvió a respirar el aire contaminado y lo único que pudo pensar fue que eso era libertad, pura y absoluta libertad.

Caminaba en busca de un árbol especial, pero en todas partes había árboles idénticos, bueno, completamente diferentes a los que él conocía, todos estos estaba torcidos y con figuras raras. Sin embargo, ninguno parecía ser tan especial como para ser ese dichoso "árbol de la vida". ¿Dónde lo tendrían estos humanos? Guardado en algún lugar especial, probablemente.

-Disculpa -una mujer vestida de rojo lo detuvo y él no supo cómo reaccionar, sólo la miró.- Estamos haciendo promoción a las 125 razones para ser feliz.

"Já, lo que me faltaba, otros que impiden la gama de emociones" pensó con una sonrisa sarcástica en su rostro.

-¿Te puedo dar este volante, por favor? -la mujer continuó con una sonrisa y estiró su mano mostrando un papel rojo con mucha información. Zia lo tomó sin verla, tenía la mirada clavada en lo que decía el anuncio. -Gracias -se despidió y continuó deteniendo a más gente que pasaba caminando por esa misma avenida.

En ese papel rojo que estaba en sus manos de un tal "Coca-Cola" había una foto de un árbol de cartón, lleno de mensajes y hojas con deseos.

"¡¿Esa cosa tan fea es su árbol de la vida?!" pensó asombrado "De verdad deberían mejorar sus aspiraciones aquí en este planeta. No les haría daño... Supongo que tengo que ir ahí para ayudarle a Genoveva... ¿cómo será? ¿Nos podremos llevar bien una vez que nos conozcamos en persona?"

Sumergido en sus pensamientos continuó caminando sin rumbo alguno, no tenía idea de cómo llegar al árbol de la vida, pero algo le decía que alguien podría informarle. Se detuvo a pedir direcciones, pero pocos le prestaban atención, otros caminaban sin voltearlo a ver hasta que un chico mucho mayor que él se detuvo a darles indicaciones. Zia le agradeció y caminó en la dirección que le había mostrado.

"Al menos hay decencia en el planeta neutral... no me imagino cómo vive Genoveva. No sé qué le ven de malo a este planeta, sinceramente." Se detuvo por un segundo y dio una vuelta completa para poder apreciar el paisaje. Las diferentes emociones pintadas en un mismo lienzo le sorprendían, le hacían querer ver más, poder sentirlas, compartirlas. Quería compartirlas con alguien... "Quiero quedarme en este planeta tan imperfecto que es perfecto para mí." Pensó decidido y continuó caminando hacia donde le dijeron que podía encontrar el árbol de los deseos.

"Sólo espero que de verdad pueda ayudarnos, Gennie."

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