Después de recibir esa tormentosa noticia Bárbara se fue corriendo, sentía que le faltaba la respiración, pero aun así, no podía dejar todo atrás y encerrarse en ella misma como siempre lo había hecho; ahora tenía una responsabilidad que cumplir y no echaría a perder esta oportunidad que se le había dado.
Regresó a la tienda. Había retocado su maquillaje para aparentar un buen estado, aunque fue difícil porque sus ojos hinchados y vidriosos la delataban: “los ojos son el reflejo del alma”, pensó mientras se puso el delineador.
Las horas en la tienda fueron eternas, ella lo único que quería hacer es salir corriendo y llorar, llorar hasta que se quedara sin lágrimas, hasta que se cansara de tanto hacerlo y cayera en un profundo sueño. Llegó una clienta, la encontró con la vista pérdida en los aparadores.
-Señorita, buenas tardes, estoy buscando un vestido de noche, me podría mostrar los modelos más nuevos- dijo la clienta. Barbie notó su silueta abultada en el vientre. Todas sus emociones se removieron de nuevo.
-Claro que sí, mire en este parte tenemos estos que nos acaban de llegar, son importados. Escoja los que más le gusten y dígame para pasarla al probador- Barbie dijo con la voz quebrándosele. La clienta notó eso en ella, no le presto mucha atención y se puso a ver los vestidos.
Mientras Bárbara recordó una vez cuando Víctor y ella hablaron de la familia. Víctor decía que le gustaría tener muchos hijos, que les enseñaría a jugar futbol, a andar en bici; decía todo eso con tanta emoción. Barbie al contrario decía que le gustaba más la idea de casarse y estar sola con su esposo; viajara donde ellos quisieran, hacer lo que ellos quisieran, sin tener la gran responsabilidad de un hijo. Después de esa plática Víctor siempre insistía con Barbie las cosas buenas de tener un hijo y poco a poco le fue contagiando su emoción, hasta que ella ya soñaba en tener algún día hijos y soñaba que fuera con Víctor.
Regresó a su realidad.
-Señorita, me quiero probar estos tres; pero éste ¿lo tendrá en talla 30?- Le dijo su clienta emocionada por ponerse ese vestido de gasa negro.
-Déjeme checo en almacén- Barbie fue enseguida al almacén a buscar el vestido. Lo encontró y lo llevó al probador, donde ya la esperaba su clienta. Ella entraba y salía cada vez con un modelo nuevo, se lo enseñaba a su mamá y hacía gestos, porque por su vientre no le sentaban muy bien. Mientras Barbie la veía con la mirada pérdida en ella, en el vacío. Pensaba en que lo dolía tanto porque se sentía usurpada, como si alguien estuviera ocupando su lugar; sentía celos, muchos celos. Carla ahora tendría un hijo de Víctor y ahora sentía que lo había perdido para siempre, definitivamente. También se sintió muy triste por Víctor, él quería tener hijos pero Barbie sabía que uno en estos momentos no lo haría el más feliz. Sentía tristeza por ver una vez más un proyecto truncado; el de Carla, el de Víctor, el de Bárbara.
-No me quedaron señorita, creo que ya es hora de la ropa de maternidad- La clienta tomó su bolsa y se fue.
Faltaba sólo una hora para que cerraran. Ella empezó acomodar la ropa otra vez en su lugar. Cuando pasó por el espejo puso el vestido frente de ella y para darse ánimos pensó en lo bien que se le vería a ella, a ella que no estaba embarazada. No funciono para nada, se sentía mal. Mientras los colgaba ella sólo pensaba en lo difícil que serían los días estando en este estado, días antes disfrutaba su trabajo, le gustaba decirles a las clientas que les quedaba mejor, darles tips de moda, ella pensaba que era como acompañar a sus amigas de compras (aunque ella sólo mirara). Desde ahora era como si le hubieran apagado una luz dentro de ella. Nunca se imaginó que una noticia así le afectaría tanto.
Quince minutos para irse. Ya tenía sus cosas listas, ella y sus compañeras cerraron la cortina. Se despidió, ellas se quedaron angustiadas por Barbie. No quisieron preguntar nada porque no lo creyeron oportuno, y no lo era. Barbie caminó hasta la salida cabizbaja, ahora ya todo lo veía como una rutina: “De nuevo, tomar el taxi”-pensó.
De pronto se escucharon los frenos de un auto seguido de un golpe en seco, alguien había atropellado una persona, corrió a ver si podía ayudarlo. Se dio cuenta que era un hombre alto y delgado, tenía aspecto de forastero pero algo atrajo su atención, tenía un tatuaje en el antebrazo que llamo su atención. El tatuaje no era parecido a otro que hubiera visto antes, parecía estar escrito en una lengua muerta o como si fuera de otro planeta.
-¿Dónde estoy? Preguntó Zia.
Parecía un poco lastimado pero logró incorporarse lentamente.
-Este hombre necesita ayuda, que alguien llame a la ambulancia. Gritó Bárbara mientras lo tomó del brazo para ayudarlo a levantarse.
-Gracias señorita, no recuerdo lo que pasó ni cómo llegue aquí…
-No te preocupes, te acompaño al hospital para asegurarme de que todo este bien.
En ese momento lo miro a los ojos y pensó que ocultaba un fascinante misterio que lo hizo más atractivo aún. Minutos después llegó la ambulancia y ambos partieron rumbo al hospital más cercano sin saber lo que el futuro tenia planeado para ellos…
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