miércoles, 26 de octubre de 2011

Reconciliaciones


Ethel estaba decidida a reclamarle a Bárbara por qué la había mandado al mundo de las sobras, ella no tenía la culpa de que el destino las hubiera juntado en una situación así, Ethel jamás hubiera deseado que las cosas ocurrieran de esa manera… Bueno, tal vez si no hubiera quedado en coma y si no hubiera tenido que venir hasta Madero a recuperarme, no me hubiera reencontrado con Víctor, pensó mientras salía del hospital; aun así, debo hablar con Bárbara, no es justo lo que me hizo, si le cause problemas, no fue a propósito.

Al llegar a la tienda donde Bárbara trabajaba, su plan se vino abajo pues ya había acabado su turno de ese día, resignada regresó al hotel. Casi llegando, le pareció ver a Bárbara, quien también quería hablar con Ethel, ella a diferencia de Ethel, quería pedirle disculpas por su comportamiento de meses anteriores. Ambas hicieron contacto visual, se precipitaron, sabían que ese momento no podía esperar más. Cruzaron la brecha que separaba a aquellas dos resplandecientes y tan distantes luces, un arcoíris que trae paz y felicidad, era el arcoíris que sale al finalizar una tormenta y donde todos queremos quedarnos; la mirada que conecta dos almas; se unieron en ese gran barco, lleno de ideas e ilusiones, en donde, mientras permanezcas ahí, no será necesario percatarse de la agresividad con la que las olas chocan por debajo, un pequeño rincón confiable y seguro en el gran océano…


Ambas se acercaban de distintos extremos al mismo punto del puente, la mitad. Cada paso que daban era un acercamiento una a la otra, y justo cuando se toparon de frente, Bárbara dijo:
-          ¡Hola Ethel! ¿Cómo estas? Soy Bárbara.
-          ¿Tú eres Bárbara? Justamente fui a buscarte a la tienda donde me dijeron que trabajabas, pero no te encontré. Tengo muchas cosas que hablar contigo.
-          ¡Yo también! Es por ello que he venido a buscarte a tu hotel, pero tampoco he tenido suerte. Me mencionaron que habías salido.

Entre ambas se escuchaba un silencio incómodo, el cual fue roto por unas palabras inesperadas e importantes por parte de Bárbara quién dijo:

-          He venido hasta acá a pedirte perdón Ethel. Quiero disculparme por haber tenido tan malos pensamientos y deseos hacia ti, y por lo mismo causarte tanto daño.
-          Pero, ¿Por qué lo hiciste? No entiendo porque me tienes tanto odio.
-          Sinceramente es algo muy inmaduro, el hecho de que Víctor siempre te ha preferido, provocó que un sentimiento de odio naciera en mi hacia ti. Simplemente son celos, es envidia. Envidia de que en la mente de Víctor siempre estés tu y no yo, tal  como desearía.  Se me hizo fácil escribir mi deseo en el árbol de la vida, sin evaluar ni pensar en sus consecuencias.
-          ¿Crees que el hecho de desaparecerme del mundo, es la manera más fácil de librar tus problemas? ¿Creíste que con ello conseguirías que Víctor dejase de pensar en mi?
-          No. Ahora entiendo que no, pero en aquel momento mi mente se cerró a un única e inmadura solución, es por ello que he venido a disculparme. Quiero que sepas que estoy arrepentida por todo el daño que te hice, no sabía lo que hacía.
-          Creo, que una parte de mi te entiende, y realmente creo que amas a Víctor.
-          Sí, pero poco a poco voy entendiendo que es lo correcto, sé que él no me ama,  siempre te ha amado a ti Ethel, siempre fue así, y siempre lo será.
-          Bárbara….
-          No digas nada Ethel, solo quería que supieras que realmente lamentaba todo lo que sucedió.

Lentamente Ethel observo como las lágrimas bajaban de las mejillas de Bárbara, y casi inmediatamente se alejó de aquel puente del perdón.  

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