Zia estaba sentado en una banca de un parque cercano, reflexionando acerca de lo que había pasado con Bárbara. Muchas ideas le cruzaban por la mente. Había algo que no lo dejaba estar tranquilo, como un nudo en la garganta que tenía un significado muy obvio, pero el cual había permanecido oculto.
Intentó concentrarse en lo que le afligía, ignorando el caos por el cual estaba pasando su mente. Necesitaba encontrar una pista. Con que tuviera sólo una, sentía que lo posterior iba a ser más fácil.
Volteó a ver el cielo con desesperación, buscando una respuesta, pero no encontró ninguna, mas que un conjunto de nubes que no le dijeron nada. Necesitaba distraerse, eso era lo único que estaba claro.
De pronto, algo tapó la esfera brillante del cielo por un momento, y aterrizó sobre su cara tapándole su campo de vista. Zia la quitó de un manotazo rápidamente, sorprendido por tal inesperada invasión de su espacio personal. Resultó ser un periódico del día anterior, o más bien parte del mismo. Zia lo hojeó distraídamente, poniendo poca atención en el contenido. De repente, sus ojos se quedaron en una foto que ocupaba gran parte de la hoja. El título decía “Tepoztlán: Pueblo Mágico”, y en la foto había algo que parecía una ceremonia con chamanes, al igual que los espectadores de la misma. Zia observó con más detenimiento, y reconoció en una de las caras a Genoveva, lo cual dio en el clavo de su nudo en la garganta. Claro, ¡era ella! Desde su encuentro, se mantuvo escondida entre sus pensamientos, pero nunca la olvidó del todo, ella siempre estaba en su cabeza rondando. No había un día que no la respirara, había dejado una huella que apenas ahora podía sentir con claridad. Supo que tenía que encontrarla. Esa ventana había caído del cielo, como enviada por el destino respondiendo a sus deseos. Era una ventana hacia Genoveva; no una puerta porque a esas se tiene acceso, era sólo una mirada para recordarle su obejetivo. Era para mostrarle lo que necesitaba. Necesitaba a Gennie.
Tuvo suerte de llegar a Tepoztlán en menos de lo que había esperado, el camión lleno de gente no le había molestado como pensó que pasaría, iba ocupado pensando qué haría al encontrarla. Pero ahora, ¿cómo la iba a encontrar? Por suerte, el pueblo no era muy grande, o al menos no los lugares más frecuentados, donde era lo más probable que estaría. Zia no sabía por dónde empezar. No estaba seguro ni siquiera de lo que estaba sintiendo, lo cual lo frenaba. Sólo se le ocurrió dar una vuelta, hasta que su mente se pudiera despejar de la confusión. Sintió algo y caminó hacia ello. Tenía que encontrarla, porque ella era su ELLA, con quien estuvo la noche anterior. Bárbara no fue un error pues lo acerco a su rubia, pero sabía que no tenía ningún tipo de sentimiento hacia ella que no fuera simpatía. Necesitaba pensar, intentar establecer una conexión...
De pronto, por azares del destino, la vió. Después de tanto buscarla la encontró. ¿Había sido el destino? ¿Esa ventana de posibilidades mostrándole el camino? No lo sabía, pero necesitaba acercarse a ella. Estaba sentada en un café, tomando lo que seguramente era un frappé. Estaba sola. Le daba sorbos distraídamente, con una mano apoyada en la mejilla. Claramente estaba aburrida, o pensativa. O tal vez ambas. ¿Pensaría en él? ¿Todavía lo recordaba? Esperaba que sí, porque no había tenido un día libre de ella desde que la escuchó.
Después de un rato se dio cuenta de la presencia de Zia, probablemente porque se quedó inmóvil entre la corriente de personas que circulaban por la calle viéndola fijamente. Sonrió involuntariamente, y le hizo un gesto que Zia entendió como una invitación a acompañarla en su soledad. ¿Lo reconoció? La emoción recorrió su cuerpo hasta la punta de sus dedos.
Estuvieron hablando de cosas sin importancia durante los primeros momentos. Zia sintió la conexión más fuerte que nunca, y en los ojos de Genoveva se notaba un reflejo de algo similar. Habían encontrado lo que tanto habían buscado.
- Tengo la impresión de que viniste a buscarme, - por fin dijo ella algo que los dos habían estado pensando.
Zia no sabía cómo contestarle, ya que ni siquiera él tenía en claro lo que sentía por ella.
- No lo sé… fue una coincidencia, encontré la foto de una ceremonia en la que estuviste ayer. En un periódico que me trajo el viento,- hizo una pausa. –Suena muy tonto, pero así fue. Ahorita no sé muy bien que es lo que siento, pero algo me dice que hice bien al venir. Sólo sé que no ha habido un día en el que no piense en ti. Desde la llamada...
Genoveva lo miró, como si sus palabras la hicieran meditar, y aprovechó el momento para tomar su mano y apretarla fuertemente. Sus miradas se encontraron. Zia se intimidó, y rompió el silencio.
-No sé cómo explicarlo…
-No se necesita más- replicó Genoveva rápidamente.
Los dos se quedaron pensativos.
-Tal vez es todo lo que tenías que decir, Zia.- por fin dijo ella.
Desde que sus miradas se encontraron lo supieron. Ella era la gama de emoción que tanto necesitaba Zia, lo que tanto quería. Él era esa perfección andante, listo para hacerla la mujer más feliz del universo (incluso de los tres planetas). Los dos sabían que habían encontrado lo que querían, lo que necesitaban.
La noche al lado de Zia había sido perfecta. La noche al lado de Gennie había estado llena de emociones. Finalmente habían encontrado su lugar en el universo: al lado del otro.
Después de mucho tiempo, ambos durmieron con una sonrisa genuina en su rostro. Estaban en paz. Se tenían.
(¡Ya era hora! pensó Zia con ese tono sarcástico que Gennie amaba.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario