domingo, 2 de octubre de 2011

El regreso...


Mientras Genoveva preparaba algo de comer, Ethel recorría la habitación. Sus zapatos hacían un ligero “tac-tac” al chocar con el piso de madera. El silencio y la nostalgia que se sentía en ese lugar la abrumaban.

“¿Por qué diablos llegué aquí?, ¿yo qué le hice a esa Bárbara para que me quisiera fuera del mundo real? Pero, más importante, ¿cómo haré para regresar y llevar a Genoveva conmigo? Definitivamente ella también tiene que salir de aquí”

Estos pensamientos cruzaban una y otra vez por su cabeza. Genoveva había terminado de preparar unos sándwiches y salió de la cocina con una bandeja en las manos

-        ¡Listo!

Ethel se sobresaltó. Dio media vuelta rápidamente tirando su bolsa que estaba sobre una pequeña mesita. “Plac”. Todas sus cosas se regaron por el suelo. Genoveva se apresuró a ayudarla. Al recoger la cartera de Ethel, Genoveva observó una foto que había caído justamente encima.

-        ¿Quién es él? - Ethel nuca había visto a alguien tan sorprendido.

-        Es Víctor, mi antiguo novio. Ya te conté la historia. ¿Recuerdas que dijimos que su nueva novia era la razón por la cual yo estaba aquí?

-        Sí, sí. Pero nunca mencionaste su nombre.

-        ¿No lo hice? ¡Qué raro! Sí, ya sé que no debería tener una foto de mi ex novio, pero a veces me gusta recordar el tiempo que pasamos juntos. ¿Por qué te sorprende tanto eso?

-        No es eso. Yo a él lo he visto.

-        ¿Ehh? – Ahora las dos compartían una cara de sorpresa.

-        Sí, Ethel. A Víctor lo veo en mis sueños. He tratado de hablarle, a veces creo que puede escucharme, a veces siento que logro acercarme un poco, pero no he logrado que me entienda.

-        ¿Pero por qué a Víctor? ¿qué tiene él de especial?

-        Es un sentimiento extraño. Él es quien traerá equilibrio a este mundo. No me preguntes cómo, simplemente lo sé. Una parte de mí sabe que solo él podrá ayudarnos.

-        Entonces tenemos que salir de aquí. Si Víctor es tan importante como dices, lo tiene que saber. Estoy segura de que querrá ayudarte.

-        Sí. Pero, ¿salir de aquí? Es millones de veces más fácil decirlo que lograrlo. Créeme.

-        ¿Lo has intentado?

-        No, realmente nunca me he atrevido. Es demasiado peligroso.

-        Pero, ¿entonces es posible?

-        Sí, lo es – justo lo que Ethel quería escuchar -  He sabido de personas que desaparecen de aquí, pero solamente personas que habitan en nuestra sección. Salir de otra sección es prácticamente imposible, esas personas están aquí para cumplir condenas.

-        Entonces nosotras podemos hacerlo. Tenemos que hacerlo.

-        Es muy difícil, Ethel. No conocemos los peligros que ese viaje pueda traernos.

-        ¿Viaje? ¿Es un viaje lo que tenemos que hacer?

-        Sí. Bueno, al menos eso creo. He escuchado que hay que encontrar un árbol. Un árbol al que puedes pedirle regresar al mundo real y solamente a los puros de corazón se les podrá conceder ese deseo. Lo malo es que el árbol se encuentra en el fondo del bosque. Tienes que atravesar todas las secciones de este mundo. Pero no como lo hicimos hoy, es necesario cruzarlas justamente por en medio.

-        Eso no suena tan difícil, Genoveva. Creo que podríamos lograrlo.

-        No sabes lo que dices, no sabes a qué nos enfrentaríamos al cruzar cada sección.

-        ¿No lo ves? ¡No tenemos otra opción! Tenemos que salir de aquí. ¿O es que quieres vivir aquí para siempre, por equivocación?

-        No, realmente no quiero. Este lugar es horrible.

-        Entonces tenemos que hacerlo. Lo más pronto posible.

-        Está bien. Podemos salir mañana. Necesitamos reunir cosas que puedan ayudarnos en el viaje.

-        Tienes razón. ¡Vamos a preparar todo!

Los sándwiches se quedaron en la mesa, mientras Genoveva y Ethel se preparaban para emprender un viaje, sin saber a dónde las llevaría.

Al día siguiente muy temprano Génoveva y Ethel salieron listas para comenzar su viaje convencidas más Ethel que Bárbara que al finalizar este día se encontrarían de vuelta en el mundo real. Se escucho el “pam” al cerrar la puerta como si realmente no planearan volverla a abrir. No contaban con muchas cosas en sus mochilas para el peligroso viaje llevaban: agua, sandwiches, unas tijeras, la foto de Víctor, una cuerda y una cajita de cerillos. Lo primero que deberíon enfrentar fue la parte del planeta donde habitan los que alguna vez habían robado. Tuvieron que mantenerse abrazadas de sus pertenencias y pagadas la una a la otra todo el camino. Varias veces trataron de robarles lo que traín pero muy inteligentemente enfrentaron a sus agresores con palabras y solo una vez se escucho el “paw paw” de una patada que Ethel debió lanzar.

La siguiente sección fue la de los agresores de la naturaleza. Aquí usaron la cuerda que traían en sus mochilas y trabajando juntas se colgaron de árboles, atravesaron ríos y hasta arenas movedizas. A medida que avanzaban era más evidente porque Genoveva nunca había intentado regresar al mundo real, porque sola jamás lo hubiese logrado. Al llegar a la sección de los burocratas corruptos varios de ellos se ofrecieron a guiarlas por el mejor camino a cambio de un pequño soborno, pero las chicas no confiaban en nadie asi que siguieron avanzando solas. Despues se encontraron con un cruce de varios caminos donde tambien eran engañadas por cada uno de los hombres y mujeres que trataban de convencerlas de ir por su camino. Se guiaron por su instinto y llegaron al final de esta parte del planeta de las sobras.  Ya solo les faltaba a travesar la sección de discriminación y llegarían al mágico árbol.  Ahí el primer obstaculo fue que los hombres del lugar no les permitían el paso por ser mujeres, tuvieron que ofrecerles los deliciosos sandwiches que llevaban a cambio de ser libres de pasar por ahí. Más adelante un grupo de norteamericanos no les permitía el paso por ser dos mujeres mexicanas. Por suerte Ethel puso en práctica sus habilidades para convencer a la gente de que lo que dice es lo correcto y junto con la ofrenda de la caja de cerillos que tanto escaseaban en este planeta se encontraron finalmente frente al mágico árbol.

El árbol era el más hermoso que las dos chicas habían visto en sus vidas. Era increible que existiera algo tan bello en tan horrible planeta y que siguiera ahí parecía que nadie más había estado tan cerca de él, o lo hubiesen destruido. Se trataba de un Ginkgo de casi diez metros de altura, era muy ancho y frondoso con grandes hojas llenas de vida en forma de abanico, aunque en el resto del planeta parecían no existir las estaciones del año, ese árbol estaba claramente en primavera verde brillante y repleto de hojas.  Al verlo las dos hicieron un sonido de sorpresa “wuaauuuu” y se quedaron embobadas mirandolo por largo tiempo. Sentían que al contemplarlo el tiempo se detenía, con solo verlo se llenaban de un sentimiento de paz y seguridad. Incluso olvidaron por un momento donde se encontraban.

Después de varios momentos de atolondramiento debido a la belleza del árbol las dos se acercaron más al árbol, mientras se acercaban se escuchaban unos “trick” cuando pisaban las hojas y las ramas secas del árbol que se encontraban en el suelo. Ambas se estiraron lo más alto que pudieron para tomar una hoja de la rama más cercana a ellas, cuando la tomaron se escuchó un “tuck”. Genoveva estaba muy emocionada porqué por fin podría salir de ese lugar, pero de repente una terrible inseguridad llegó hasta ella que la hizo perder la confianza y creer que ella realmente no sería digna de que el árbol realizara su deseo de regresar al mundo real. Al ver que esto le estaba pasando a Genoveva, Ethel rápido le tomó la mano y le sonrió dándole a entender que no se preocupara todo iba a estar muy bien. Genoveva le sonrió a Ethel como señal de agradecimiento, entonces ambas sacaron de sus mochilas una pluma y empezaron escribir en las hojas sus deseos. Cuando la decidieron colocar nuevamente en el árbol se tomaron firmemente la mano y ambas avanzaron a paso firme y seguro como si quisieran demostrarle al árbol que ellas realmente eran puras de corazón y que no había ningún motivo por el cual no les cumpliera su deseo.

Momentos después de haber colocado nuevamente en el árbol las hojas con sus deseos, Genoveva y Ethel se le quedaron nuevamente viendo al árbol y al cabo de unos segundos una deslumbrante luz las comenzó a rodear, entonces repentinamente el suelo en que estaban paradas y el árbol desaparecieron dejándolas caer en un vórtice que en el fondo se veía una inmensa luz. Ambas trataron de permanecer juntas tomándose las manos, pero por una extraña razón Genoveva se soltó de la mano de Ethel haciendo que se separan. Ethel siguió cayendo hasta que por fin llegó al fin del vórtice…

-mmmmm-dijo Ethel mientras poco a poco abría los ojos y se percataba que se encontraba en una habitación de color blanco.

-¡Ethel! ¡Gracias al cielo que has despertado!-dijo una voz femenina muy exaltada.

Esto provocó que Ethel se volteara a su lado derecho y ahí fue en donde se encontró con su madre.

-Mamá, ¿dónde estoy?-preguntó aún algo consternada

-Pues donde más, en un hospital. ¿A caso no recuerdas que fue lo que pasó?-respondió rápidamente la madre.



1 comentario:

  1. Carla con su embarazo, necesitaba un cuidado especial, así que se fue con su tía a Madero Tamaulipas, donde pasaría el resto de su embarazo , su tía la mas querida entre todos los familiares pues ella y su madre habían sido las mejores amigas en la infancia así , Carla decidio que el mejor lugar para llevar su embarazo seria en Madero.
    El lunes por la mañana Carla se dispuso a ir al hospital Materno Infantil de Reynosa pues ahi se encontraba su ginecóloga obstetra, ella habia recibido a Carla despues de una semana de haberse enterado que estaba embarazada, era una señora de mediana edad, y era bastante paciente .
    La tía de Carla, la ayudo a subir, cada paso que Carla daba le costaba un poco más que de lo acostumbrado, sudaba más de lo que normalmente lo hacía, aun así ella se apresuro a subir al coche, una vez adentro tomaron rumbo a Reynosa.
    En el camino se sintió mareada por varias ocasiones, no solo por las curvas tan cerradas que contenía la carretera sino por el simple hecho de que el embarazo es así, su tía tuvo que detenerse varias ocasiones para que la pobre Carla pudiera vomitar, además en cada parque de descanso Carla iba al baño, algo que a su tía le molestaba pues ella decía que no se harían mucho tiempo, pero gracias a que Carla se detenía en todos lados se hicieron el doble de tiempo al hospital.
    Su tía no dejaba de repetirle -"Hay mija, tu madre era mucho más fuerte que tu cuando ella estaba embarazada de ti recorría varios kilómetros diarios para llegar a la casa, no sé cómo no sacaste eso de ella"-
    En fin Carla entro a la sala de espera ,exhausta, pues la maternidad no le caía del todo bien, subir de peso, y tener hambre a todas horas no era algo que le gustara del todo, la sala estaba llena de señoras panzonas, y no por gordas sino porque tenían a un ser en su vientre, así como Carla lo tenía también.
    De pronto Carla reconoce a una persona que era llevada a otra sala, su cara pálida, y su rostro en un profundo sueño del que tal vez no despertaría jamás, Carla se apresuro a preguntar quién era esa persona, "disculpe" pregunto agitada "quien es la persona en la camilla?" ,
    el enfermero respondió "se llama Ethel", la cara de Carla palideció por completo, ella quedo perpleja ante la noticia de que su amiga no se veía nada bien....

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