Era un lunes tan caluroso, que Carla no tenía ganas de nada… se paseaba por la terraza de un lado a otro sin saber que hacer, leía y se aburría, trataba de ver algo en la televisión sin encontrar nada que atrajera su atención.
Hasta que decidió irse a su alcoba a reposar un rato, porque desde muy temprano había tenido muchos mareos y un cansancio tan extremo como cuando no dormía por tantos trabajos en la universidad.
Subió algunas escaleras hasta llegar a su cuarto, algo pequeño para lo que estaba acostumbrada, pero no le importó, se sentía el calor de hogar a pesar de que no llevaba mucho tiempo ahí, su tía le había adaptado el cuarto y siempre estaba ahí para cuando la necesitara; Incluso, ella misma le arreglaría el cuarto para cuando no pudiera subir y tuviera que reposar los últimos meses de embarazo.
Cuando llegó, abrió la puerta lentamente. Optó por tumbarse en la cama, relajarse y prender el radio para arrullarse con algo que encontrara entre estación y estación. Soñolienta y a punto de quedarse dormida, escuchó a lo lejos al locutor: -“Tenemos un regalo para Carla de parte del equipo Rosa. Este regalo surgió de una constructiva tertulia literaria que tuvieron hace unos días. Los dejamos con este gran tema llamado Te quiero”- y entonces, una letra bastante conocida penetró sus oídos:
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
-¡Claro, Mario Benedetti!, uno de mis escritores favoritos-, susurraba... y entonces, pensó en la criatura que lleva dentro. Aquella que llevaba su sangre y con quien ahora, compartía su vida. No pudo evitar sentir nostalgia, el poema había sido llevado a una hermosa y radiante melodía. Le gustaba tanto desde que era solo una niña que decidió compartirlo con su pequeña y así terminó cantando en una suave, delgada y dulce voz:
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola
te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Cuando la canción alcanzó su hermoso final, Carla repitió una o dos veces más: “Somos mucho más que dos…”. Se encogió un poco, secó la lágrima que recorría su mejilla y se quedó profundamente dormida.
Me siento tan contenta con todos los regalos que mis personajes han recibido. Estoy lista para entregar todo mi amor, todo, completo, entero, apabullante. Declaro solemnemente, por el poder que me confieren mis autores al confiar en mi espíritu creador, declaro, repito, desde este momento, y sin posibilidad de prórroga, y bajo cualquier circunstancia, que el amor, en todas sus versiones, pasiones, ilusiones, fantasías y locuras, será el sello de esta tercera parte.
ResponderEliminarMe pondré un poco de perfume, lencería roja, encenderé velas en forma de corazón y me comeré un delicioso chocolate relleno de licor de cereza... ¡que comience el romance!
Ardientemente
La Novela que cambiará al mundo