miércoles, 9 de noviembre de 2011

Acabemos con el dictador!


Mientras me dirigía al encuentro con Zia, decidí seguir leyendo el libro “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury, tenía mucho tiempo para leerlo ya que la casa donde él se encontraba estaba a una gran distancia. Así que mientras esperaba el transporte, me senté en una banca del parque, respire profundamente y continúe con la lectura.

- ¡Está viva! - protestó el marciano riéndose cada vez más -. Oh, estás muy equivocado ¿No ves las luces de la fiesta? Hay barcas hermosas esbeltas como mujeres, y mujeres hermosas esbeltas como barcas; mujeres del color de la arena, mujeres con flores de fuego en las manos. Las veo desde aquí, pequeñas, corriendo por las calles. Allá voy, a la fiesta. Flotaremos en las aguas toda la noche, cantaremos, beberemos, haremos el amor. ¿No las ves?
- Tu ciudad está muerta como un lagarto seco. Pregúntaselo a cualquiera de nuestro grupo. Voy a la Ciudad Verde. Es una colonia que hicimos hace poco cerca de la carretera de Illinois. No puedes ignorarlo. Trajimos trescientos mil metros cuadrados de madera de Oregon, y dos docenas de toneladas de buenos clavos de acero, y levantamos a martillazos los dos pueblos más bonitos que hayas podido ver. Esta noche festejaremos la inauguración de uno. Llegan de la Tierra un par de cohetes que traen a nuestras mujeres y a nuestras amigas. Habrá bailes y whisky...  

¡Exacto! Eso es lo que pasa con Zia y conmigo; pensé en voz alta, mientras los que estaban esperando el transporte me veían como si estuviera loca; Zia viene de un mundo “perfecto”, por eso piensa que el dictador vendrá a mejorar la calidad de vida de los habitantes de la Tierra y mejorar el planeta, él no sabe que las cosas lindas y diferentes, como las plantas, los animales, los bosques, los jardines, entre otras cosas, serán exterminados sólo para “perfeccionarlo”. Él no tiene la culpa de pensar así,  ya que creció con esa idea, Zia solo ve lo que alcanza a percibir, ya que no puede darse cuenta de todo lo malo que conlleva una dictadura, porque nunca la ha vivido, no tiene esa perspectiva que yo si tengo. ¡Zia ha vivido engañado! ¿Cómo puedo quitar esa venda de sus ojos? ¿Qué puedo hacer para evitar que la Tierra sea arruinada? ¿Cómo convencerlo de que el dictador sólo atraerá problemas al planeta?

Todas esas preguntas me daban vueltas en la cabeza y me llenaban de incertidumbre, cuando de repente me di cuenta, que seguía sentada en la banca y que el transporte estaba por irse, corrí para alcanzarlo pero tropecé con una piedra que por caprichos del destino estaba en medio del camino  y tiré uno de los libros que llevaba. El libro al caer se despegó y unas pocas hojas se desprendieron del todo, las levanté y después de sacudirme un poco el polvo de mi ropa, subí al camión el cual se había detenido al ver la prisa con la que me dirigía.

Una vez arriba del camión y después de haber recuperado la energía perdida durante la carrera hacia el camión, intente acomodar las hojas que se habían desprendido del libro “Otoño del patriarca” de Gabriel García Márquez y encontré lo siguiente:

“Era apenas el temblor de unos labios taciturnos, el adiós fugitivo de un guante de raso de la mano de nadie de un anciano sin destino que nunca supimos quién fue, ni cómo fue, ni si fue apenas un infundio de la imaginación, un tirano de burlas que nunca supo dónde estaba al revés y donde estaba el derecho.”

Después de mucho pensar en este fragmento del libro, y de tratar de aplicarlo al problema en el que estaba metida, pude concluir que era la descripción de un viejo decrépito, el cual había vivido con más pena que gloria. ¿Sería acaso la historia del dictador de la Tierra? ¿Podría ser que el árbol de la vida ayudará a quitar a ese tirano si colocaba esa descripción en alguna de sus ramas?


Acababa de llegar a mi destino cuando al bajarme del autobús noté mucho movimiento en dirección hacia la casa de Zia, se escuchaban muchos gritos, ¿Qué sucede?, ¿Será que el dictador está desalojando a los habitantes de ahí? Corrí lo más rápido que pude para intentar averiguar que sucedía, movida más por un impulso que por una idea razonada.
Al llegar al lugar, observe que había unos personajes salidos como de una película famosa, ¡Jedis!, ¡No lo puedo creer, es inaudito! ¡Debo estar soñando!
Me frote los ojos fuertemente, ya que no creía lo que veía, pero efectivamente eran Jedis peleando con otras personas, sin embargo, no atacaban a todas las personas, sólo a algunas en especifíco; en ese momento me di cuenta que no eran personas, sino que eran marcianos disfrazados de personas. ¿Qué hacen los marcianos en la Tierra? ¿Acaso nos quieren conquistar una vez que hemos arruinado su mundo? ¿Qué hacen los Jedis aquí? ¿Será que pueden ayudarme a acabar con el dictador?

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