Mientras me dirigía al encuentro con Zia, decidí seguir
leyendo el libro “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury, tenía mucho tiempo para
leerlo ya que la casa donde él se encontraba estaba a una gran distancia. Así
que mientras esperaba el transporte, me senté en una banca del parque, respire
profundamente y continúe con la lectura.
- ¡Está viva! - protestó el
marciano riéndose cada vez más -. Oh, estás muy equivocado ¿No ves las luces de
la fiesta? Hay barcas hermosas esbeltas como mujeres, y mujeres hermosas
esbeltas como barcas; mujeres del color de la arena, mujeres con flores de
fuego en las manos. Las veo desde aquí, pequeñas, corriendo por las calles.
Allá voy, a la fiesta. Flotaremos en las aguas toda la noche, cantaremos,
beberemos, haremos el amor. ¿No las ves?
- Tu ciudad está muerta como un lagarto seco. Pregúntaselo a cualquiera de nuestro grupo. Voy a la Ciudad Verde. Es una colonia que hicimos hace poco cerca de la carretera de Illinois. No puedes ignorarlo. Trajimos trescientos mil metros cuadrados de madera de Oregon, y dos docenas de toneladas de buenos clavos de acero, y levantamos a martillazos los dos pueblos más bonitos que hayas podido ver. Esta noche festejaremos la inauguración de uno. Llegan de la Tierra un par de cohetes que traen a nuestras mujeres y a nuestras amigas. Habrá bailes y whisky...
- Tu ciudad está muerta como un lagarto seco. Pregúntaselo a cualquiera de nuestro grupo. Voy a la Ciudad Verde. Es una colonia que hicimos hace poco cerca de la carretera de Illinois. No puedes ignorarlo. Trajimos trescientos mil metros cuadrados de madera de Oregon, y dos docenas de toneladas de buenos clavos de acero, y levantamos a martillazos los dos pueblos más bonitos que hayas podido ver. Esta noche festejaremos la inauguración de uno. Llegan de la Tierra un par de cohetes que traen a nuestras mujeres y a nuestras amigas. Habrá bailes y whisky...
¡Exacto! Eso es lo que pasa con Zia y conmigo; pensé en voz
alta, mientras los que estaban esperando el transporte me veían como si
estuviera loca; Zia viene de un mundo “perfecto”, por eso piensa que el
dictador vendrá a mejorar la calidad de vida de los habitantes de la Tierra y
mejorar el planeta, él no sabe que las cosas lindas y diferentes, como las
plantas, los animales, los bosques, los jardines, entre otras cosas, serán
exterminados sólo para “perfeccionarlo”. Él no tiene la culpa de pensar así, ya que creció con esa idea, Zia solo ve lo que
alcanza a percibir, ya que no puede darse cuenta de todo lo malo que conlleva
una dictadura, porque nunca la ha vivido, no tiene esa perspectiva que yo si
tengo. ¡Zia ha vivido engañado! ¿Cómo puedo quitar esa venda de sus ojos? ¿Qué puedo
hacer para evitar que la Tierra sea arruinada? ¿Cómo convencerlo de que el dictador
sólo atraerá problemas al planeta?
Todas esas preguntas me daban vueltas en la cabeza y me
llenaban de incertidumbre, cuando de repente me di cuenta, que seguía sentada
en la banca y que el transporte estaba por irse, corrí para alcanzarlo pero tropecé
con una piedra que por caprichos del destino estaba en medio del camino y tiré uno de los libros que llevaba. El libro
al caer se despegó y unas pocas hojas se desprendieron del todo, las levanté y después
de sacudirme un poco el polvo de mi ropa, subí al camión el cual se había
detenido al ver la prisa con la que me dirigía.
Una vez arriba del camión y después de haber recuperado la energía
perdida durante la carrera hacia el camión, intente acomodar las hojas que se habían
desprendido del libro “Otoño del patriarca” de Gabriel García Márquez y
encontré lo siguiente:
“Era apenas el temblor de unos
labios taciturnos, el adiós fugitivo de un guante de raso de la mano de nadie
de un anciano sin destino que nunca supimos quién fue, ni cómo fue, ni si fue
apenas un infundio de la imaginación, un tirano de burlas que nunca supo dónde
estaba al revés y donde estaba el derecho.”
Después de mucho pensar en este fragmento del libro, y de
tratar de aplicarlo al problema en el que estaba metida, pude concluir que era
la descripción de un viejo decrépito, el cual había vivido con más pena que
gloria. ¿Sería acaso la historia del dictador de la Tierra? ¿Podría ser que el
árbol de la vida ayudará a quitar a ese tirano si colocaba esa descripción en
alguna de sus ramas?
Acababa de llegar a mi destino cuando al bajarme del autobús
noté mucho movimiento en dirección hacia la casa de Zia, se escuchaban muchos gritos, ¿Qué sucede?, ¿Será que el dictador está desalojando a los habitantes
de ahí? Corrí lo más rápido que pude para intentar averiguar que sucedía, movida
más por un impulso que por una idea razonada.
Al llegar al lugar, observe que había unos personajes
salidos como de una película famosa, ¡Jedis!, ¡No lo puedo creer, es inaudito! ¡Debo
estar soñando!
Me frote los ojos fuertemente, ya que no creía lo que veía,
pero efectivamente eran Jedis peleando con otras personas, sin embargo, no
atacaban a todas las personas, sólo a algunas en especifíco; en ese momento me di cuenta que
no eran personas, sino que eran marcianos disfrazados de personas. ¿Qué hacen
los marcianos en la Tierra? ¿Acaso nos quieren conquistar una vez que hemos
arruinado su mundo? ¿Qué hacen los Jedis aquí? ¿Será que
pueden ayudarme a acabar con el dictador?
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