miércoles, 9 de noviembre de 2011

Última parte: El enemigo de Ethel

 Ethel está en Marte, desesperada por hallar el árbol de la vida para poder salvar  a la Tierra de aquél terrible dictador quién tiene todo el poder sobre el planeta . Ya intentó comunicarse con extraterrestres para que le dieran alguna señal del árbol, pero todo fue en vano,  decepcionada y extrañando su hogar comienza a reprocharse por qué se le había ocurrido ir a ese planeta que no conoce en lo absoluto ni la lengua, cultura, religión, raza etc. Fue a un lugar totalmente extraño, ella sola y sin poder comunicarse con nadie, apunto de llorar comienza un larga caminata. Miles de pensamientos atraviesan su mente, de repente en el suelo se encuentra con un libro cubierto por un polvo rojizo, lo tomó ya que éste estaba en español y eso la intriga muchísimo, sacudiéndolo un poco y pensando en que hacía un libro en ese planeta, comenzó a hojearlo dándose cuenta de que en realidad eran dos libros en uno, el primero llevaba por título “El otoño del patriarca”-Gabriel García Márquez y el segundo “Crónicas  Marcianas” –Ray Bradbury.

Abre el primero en una página cualquiera y lee la primera frase que se encuentra: “Experiencias tan duras como esa confirmaban su muy antigua certidumbre de que el enemigo más temible estaba dentro de uno mismo en la confianza del corazón.” Después de leer esta frase tan profunda, Ethel se  queda pensando y decide abrir otra página, pero ahora del otro libro, y encontró la siguiente frase: Un árbol podía hacer muchas cosas: dar color, dar sombra, fruta, o convertirse en paraíso para los niños; un universo aéreo de escalas y columpios, una arquitectura de alimento y de placer, eso era un árbol. Pero los árboles, ante todo, destilaban un aire helado para los pulmones y un gentil susurro para los oídos, cuando uno está acostado de noche en lechos de nieve y el sonido invita dulcemente a dormir.”

Ethel se quedó reflexionando un momento, y decidió unir estos dos fragmentos que de la nada aparecieron en su camino, pensó que era una señal del árbol de la vida para que no se diera por vencida y que se diera cuenta de que ella era la que se estaba poniendo esas barreras tan grandes y se estaba limitando. Ethel pensó- Si ya he llegado tan lejos, estoy en otro planeta ajeno al mío, me costó tanto trabajo llegar hasta aquí que no lo puedo dejar así, tengo que luchar hasta agotar todos mis recursos y energías, sí, lo tengo que lograr. No voy a ser mi propia enemiga- se repitió a ella misma, mientras emprendía camino hacia lo desconocido una vez más. Mientras caminaba en busca de alguna señal, Ethel reflexionaba sobre lo maravilloso que era ese árbol de la vida, era tan mágico y misterioso a la vez. Tenía la capacidad de salvar a la humanidad de la trágica situación en la que se encontraba. Este árbol podía lograr la paz en la Tierra si se utilizaba de la manera correcta. Más motivada que nunca, Ethel sonriente continuó en su búsqueda.



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