Me sentí muy abrumada por la situación en el
planeta así que decidí investigar sobre el tema, sobre los dictadores y sobre
Marte. Tal vez esta sea una buena forma de hacer entrar en razón a la gente y
cambiar de opinión. En medio de mi búsqueda me encontré con un libro titulado
“Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury. Este libro es ficción pero tal vez lo
escrito ahí tenga relación con lo que está sucediendo hoy en día. Hojeando el libro me encontré con un capítulo
interesante, hablaba de una de las primeras expediciones de humanos en Marte.
Uno de los tripulantes de nombre Spender no quería permitir que los humanos
conquistaran ese planeta. En este párrafo me sentí identificada con Spender :
“El capitán inclinó la cabeza.
- Cuénteme algo de esa civilización - dijo señalando con la
mano las ciudades de la
montaña.
- Sabían cómo vivir con la naturaleza, y cómo entenderla. No
trataron de ser sólo
hombres y no animales. Cuando apareció, Darwin cometimos ese
error. Lo recibimos con
los brazos abiertos y también a Huxley y a Freud,
deshaciéndonos en sonrisas. Después
descubrimos que no era posible conciliar las teorías de
Darwin con nuestras religiones, o
por lo menos así pensamos. Fuimos unos estúpidos. Quisimos
derribar a Darwin, Huxley
y a Freud. pero eran inconmovibles. Y entonces, como unos
idiotas, intentamos destruir la
religión.
»Lo conseguimos bastante bien. Perdimos nuestra fe y
empezamos a preguntarnos
para qué vivíamos. Si el arte no era más que la derivación
de un deseo frustrado, si la
religión no era más que un engaño, ¿para qué la vida? La fe
había explicado siempre
todas las cosas. Luego todo se fue por el vertedero, junto
con Freud y Darwin. Fuimos y
somos todavía un pueblo extraviado.
- ¿Y estos marcianos encontraron el camino? - preguntó el
capitán.
- Sí. En Marte aprendieron a combinar ciencia y religión
para que funcionaran juntas, y
se enriquecieran así mutuamente, sin contradecirse.
- Una solución ideal.
- Así es. Me gustaría mostrarle cómo lo hicieron.
- Mis hombres me esperan.
- Media hora bastará. Avíseles,
capitán.” (Bradbury, 1955)
-Debo
encontrar la manera de hacer entrar en razón a la gente, no pueden seguir
conquistando otros planetas y mucho menos podemos vivir con un dictador. Pero
también debo de saber cómo es la visión de las personas del dictador cuando ha
estado tanto tiempo en el poder.
Así
que seguí investigando en más libros, para poder darme una idea sobre lo que me
estaba enfrentando. Muchos libros hablan de cosas horrorosas, pero no
describían tal cual como lo deseaba, hasta que encontré en el “Otoño del
patriarca” de Gabriel García Márquez varios párrafos que a pesar de estar
distribuidos en diferentes secciones daban a entender lo mismo…
“aunque no lo había visto, por supuesto, no porque
fuera ciego sino porque ningún mortal lo había visto desde los tiempos del
vómito negro, y sin embargo sabíamos que él estaba ahí, lo sabíamos porque el
mundo seguía, la vida seguía, el correo llegaba, la banda municipal tocaba la
retreta de valses bobos de los sábados bajo las palmeras polvorientas y los
faroles mustios de la Plaza de Armas, y otros músicos viejos reemplazaban en la
banda a los músicos muertos.
Al contrario de la ropa, las descripciones de sus
historiadores le quedaban grandes, pues los textos oficiales de los parvularios
lo referían como un patriarca de tamaño descomunal que nunca salía de su casa
porque no cabía por las puertas, que amaba a los niños y a las golondrinas, que
conocía el lenguaje de algunos animales, que tenía la virtud de anticiparse a
los designios de la naturaleza, que adivinaba el pensamiento con sólo mirar a
los ojos y conocía el secreto de una sal de virtud para sanar las lacras de los
leprosos y hacer caminar a los paralíticos.
el único pariente que se le conoció y tal vez el
único que tuvo fue su madre de mi alma Bendición Alvarado a quien los textos
escolares atribuían el prodigio de haberlo concebido sin concurso de varón y de
haber recibido en un sueño las claves herméticas de su destino mesiánico, y a quien
él proclamó por decreto matriarca de la patria con el argumento simple de que
madre no hay sino una, la mía” (García Márquez, 1975)
Después de solo
haber terminado de leer solo los primeros capítulos Genoveva se quedé muy
asombrada y aturdida de que haya personas tan asquerosas como la que describía el libro y
casi me pongo a llorar cuando me puse a pensar en lo que podría pasar si todas las personas del mundo aceptaran que una persona tan decrépita y vil gobernara al mundo.
-Tengo que evitar a toda costa que esa persona corrompa y
destruya todas las cosas maravillosas que hay en este mundo- dijo mientras
cerraba al mundo y se secaba las pocas gotas de agua que salieron de sus ojos.
Entonces después
de estar analizando profundamente cada uno de los párrafos que había leído decidí que era mejor ponerse las pilas y seguir detalladamente cada uno de los
movimientos que el nuevo “gobernante mundial” iba a dar, así que decidida salí de la biblioteca. El estar analizando los párrafos de los dos libros me hizo ver que no iba a ser la única que no estuviera conforme con lo que estaba pasando y por otro lado me hizo reflexionar sobre la discusión que tuve con Zia.
Me detuve por un momento y observe el parque que estaba cerca de la biblioteca. Había varias parejas paseando muy felices esto me hizo ver que muy a pesar de lo diferentes que somos Zia y yo somo iguales, y que ambos nos queremos y complementamos. Así que en vez de seguir caminando sin rumbo fijo opté por ir a buscarlo, sabía muy bien que podría contar con su ayuda en todo momento en que lo necesitara y que juntos podríamos evitar que este hermoso mundo neutral no se destruyera.
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