miércoles, 2 de noviembre de 2011

El impacto de Marte sobre Ethel


Ethel comenzó a caminar en busca del árbol de la vida, o en su defecto en busca de alguien quien pudiese entender su idioma terrestre. Mientras avanzaba por las calles de aquel pueblo extraño, muy diferente a todo lo visto en la Tierra y con aspecto marciano, comenzó a observar la vida cotidiana de todos los marcianos, su extraño caminar, su idioma distinto y su manera de comportarse, los cuales podrían parecerle raro a Ethel, sin embargo, para los extraterrestres esto era normal. 

Al ver todo esto, Ethel comenzó a percatarse del lugar en el que estaba, dejó de tomárselo a la ligera,  asimiló el hecho de que no estaba en otra ciudad dentro de la Tierra, sino que estaba a millones de kilómetros de la tierra en un lugar completamente diferente, sin nadie familiar ni que pudiese ayudarla. Ethel estaba ahí, parada frente a un mundo desconocido sin saber qué hacer ni por dónde comenzar a buscar el Árbol de la vida.

Ethel se quedó en silencio un momento, tratando de comprender su entorno. Muchos ruidos extraños la rodeaban, ruidos provenientes de aquellas máquinas voladoras, de ése idioma extraño y esa música distinta que escuchaban los marcianos; ruidos que llenaban su cabeza de angustia, desesperación y una mezcla de sentimientos extraños que le provocaban querer soltar en llanto y depresión.

Ethel trata de auto controlarse, de calmarse y utilizar su parte racional para encontrar una solución a todo este problema de la comunicación, por lo que piensa que debe haber una manera en la que pueda comunicarse con estas criaturas, las cuales, aunque no hablen el mismo idioma que Ethel, deben sentir y razonar.
Recordó un libro parecido a la situación que vivía actualmente, un libro que había leído en la Universidad más por obligación que por gusto, el cual ahora agradecería haber leído.  El título del libro era “Crónicas marcianas” del autor Ray Bradburry, con el cual ella obtuvo como aprendizaje que los humanos por falta de comunicación destruimos nuestro planeta y nos empeñábamos en comenzar a destruir otros bellos planetas como Marte. Es por ello que se propuso encontrar la manera de comunicarse con aquellas criaturas de alguna manera que no fuese con palabras o señas, dado que ya las había intentado sin tener éxito alguno.

Decidió armarse de valor, perder el miedo y poner su mente en blanco para poder acercarse a un par de marcianos que platicaban afuera de un edificio con aspecto muy tecnológico y fuera de lo usual. 

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