Al estar sentados en la banca del zócalo de Tepoztlán, Zía y Genoveva
continúan pensando sobre su viaje hacia Marte. No saben qué hacer, la idea de
perseguir el árbol de la vida, la causa de su unión, les parecía bastante
atractiva. Pero, a la vez, los dos pensaban en lo que habían ganado en este
mundo. Genoveva al fin sonreía, este mundo tenía toda la vida que al planeta de
las sobras le faltaba y Zía sentía que en este planeta las cosas eran
perfectas, podía seguir a su corazón y no hacer siempre lo correcto.
De repente, un fuerte viento les pegó en la cara. El aire frío puso su piel
como de gallina y ambos respiraron profundamente. Ese aire que Genoveva nunca
había sentido en el país de las sobras le hizo pensar en lo que perdería con su
viaje a marte. Volteó hacia el cielo. Podía sentir los rayos del sol sobre su
piel.
- -Este
clima invernal nunca podría sentirse en otro lado. Los rayos del sol pegan en
mi cara y el viento frío enchina mi piel.
¿Cómo podía irse? Ella sabía que este planeta le permitiría experimentar
tantas cosas nuevas. Sus sentidos nunca habían estado tan despiertos. Se
deleitaba la vista con solo voltear hacia el Tepozteco y admirar el verde
paisaje.
- - No,
no puedo irme. No acepto la idea de perder todo esto.
Lo que este mundo había despertado en Genoveva no solo fueron sensaciones.
Muchos pensamientos atravesaban su cabeza. Todo lo que la Tierra le ofrecía
despertaba en ella las ganas de cuidar este planeta, le impedía hacer daño a
cualquier criatura viviente y la obligaba a respetar todo a su alrededor.
-
-Zía,
tengo que quedarme. Lo que nunca había sentido y pensado en el planeta de las
sobras lo sentido aquí. Este mundo me hace feliz y no quiero dejarlo. Sé que
las personas que aquí habitan no siempre se dan cuenta de las maravillas que les
ofrece. Mi deber es recordárselos, porque yo sé lo que se siente vivir en las
sobras. He decidido algo, me uniré a un grupo pro-medio ambiente. ¡A
Greenpeace! Para que mis actos ayuden a crear consciencia sobre lo hermoso que
es este planeta. No me atrevería a ser parte de la destrucción de un
nuevo planeta creo que los humanos deberían cuidar de la tierra antes de
contaminar nuevos mundos. Iré a dar un paseo para planear lo que haré.
Imágenes sobre lo leido en “Crónicas Marcianas” comenzaron a llegar a su
mente. Marcianos muertos, humanos muertos, una civilización sobre otra, humanos
perdiendo la cabeza, entre otras cosas. Una profunda nostalgia invadió a
Genoveva: recuerdos sobre el planeta de las sobras le llegaban al tiempo que
imaginaba todo lo que podría salir mal si viajaban a Marte. El imaginarse
separada de Zia si algo malo les sucedia o si no lograban adaptarse a la vida
en el nuevo planeta la hacia temblar. Despues de reflexionarlo decidió que
definitivamente no viajaría y que haría lo posible porque Zia tampoco lo
hiciera. Su nueva vida en la tierra llena
de sensaciones que parecían nuevas para ella despues de tanto tiempo le parecia
maravillosa. Las cosas que para ella eran cotidianas ahora eran extraordinarias
y acompañada de Zia se intensificaban aún más. Zia se sentó en un pequeño café
en el centro de Tepoztlan y pidió el especial de temporada: chocolate y pan de
muerto.
- -Esto
esta deliciosooo, estoy segura de que en Marte jamás podrán preparar una
delicia como ésta. Tengo que traer a Zia a probarlo, seguro le encantará.
Mientras Genny terminaba su merienda comenzó a atardecer. Se quedó
observando el sol esconderse atrás del cerro del Tepozteco y volvió a su idea
de unirse a Greenpeace. Estaba ahora más convencida de que necesitaba compartir
su amor por la naturaleza con los demás y fomentar su cuidado. Había escuchado
recientemente noticias alarmantes sobre el calentamiento global y quería
contribuir a que esto dejara de suceder. Genoveva salió del café y caminó hacia
su casa. Justo antes de llegar volvió a sentir el fresco viento en su cara.
Suspiró y dijo:
-Definitivamente esto no lo cambio
por nada….
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