Ethel continuó caminando, buscaba ayuda para
encontrar el árbol de la vida. Tras haber caminado largos minutos, ella se topó
con un grupo de marcianos que estaban muy atentos a un aparato, se acercó un
poco más para ver qué era lo que estaban viendo con tanta inquietud y tanto interés.
Parecía una televisión, pero al ver la pantalla
tenía tonos rojizos y muchas líneas horizontales que no dejaban ver con claridad la imagen.
Sin embargo, Ethel entendía perfectamente los sonidos y las palabras que
salían de eses aparato, era lo único que podía entender, ya que el lenguaje de
los marcianos era totalmente musical y extraño. Se quedó varios minutos
escuchando aquel aparato, era un noticiero acerca de la Tierra, el mundo de
Ethel.
Ella estaba muy feliz porque por fin entendía
algo en aquel planeta extraño que era Marte, podía ver y escuchar lo que
sucedía en su mundo mientras ella buscaba el árbol de la vida.
Segundos después, se percató de que no eran
noticias buenas, era un aviso a toda la comunidad dónde decía que un Dictador había
llegado a la Tierra a gobernar y que toda la población de la Tierra estaba
horrorizada por tantos cambios en su sistema y estructura de gobierno, todos
sin excepción le tenían que hacer caso a ese mal hombre.
En las noticias se mencionaban los cambios que
había hecho este nuevo dictador en la Tierra y Ethel se quedó sorprendida, no
daba crédito de lo que escuchaba. El nuevo gobernante había mandado quemar
todos los libros existenetes en el planeta, se les prohibía a los humanos leer
cualquier texto que no fueran los anuncios dados por él. Este hombre
desconocido también prohibía la música en el mundo entero, estaba estrictamente
prohibido escuchar, tocar o cantar cualquier melodía. Aquellos que fueran
sorprendidos leyendo, haciendo o escuchando música serían severamente castigados.
Lo que más sorprendió a Ethel fue
cuando escuchó que aquel hombre poderoso había impuesto un costo sobre las
sonrisas de la gente, estaba permitido sonreír en la Tierra, pero cada sonrisa
tenía un costo de 100 dólares. Los humanos estaban horrorizados y Ethel sentía
una gran impotencia por no poder hacer nada al respecto. Se sintió responsable
por salvar a los habitantes de su planeta, pues era ella la única que podía
actuar en contra del nuevo dictador desde Marte. Rompió en llanto. Deseaba má
que nunca encontrar el árbol de la vida.
Ethel ya no quisó seguir escuchando las
terribles noticias y se alejó de aquel extraño aparato. Caminó sin rumbo y a
prisa, tenía poco tiempo para encontrar el árbol de la vida y todavía no tenía
ninguna pista sobre dónde podría estar. Se encontraba en un estacionamiento de
coches marcianos y sin pensarlo, se subió a uno de los vehículos que volaban y
lo encendió. Ahora le sería más fácil moverse por Marte y encontrar el árbol de
la vida- “antes de que sea demasiado tarde”-pensó. Y emprendio en vuelo hacia
la próxima ciudad marciana, tenía la esperanza de encontrar ahí el árbol de la
vida.
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