jueves, 3 de noviembre de 2011

Ethel responsable por la Tierra.


Ethel continuó caminando, buscaba ayuda para encontrar el árbol de la vida. Tras haber caminado largos minutos, ella se topó con un grupo de marcianos que estaban muy atentos a un aparato, se acercó un poco más para ver qué era lo que estaban viendo con tanta inquietud y tanto interés.
Parecía una televisión, pero al ver la pantalla tenía tonos rojizos y muchas líneas horizontales que no dejaban  ver con claridad la imagen.
Sin embargo,  Ethel entendía perfectamente los sonidos y las palabras que salían de eses aparato, era lo único que podía entender, ya que el lenguaje de los marcianos era totalmente musical y extraño. Se quedó varios minutos escuchando aquel aparato, era un noticiero acerca de la Tierra, el mundo de Ethel.
Ella estaba muy feliz porque por fin entendía algo en aquel planeta extraño que era Marte, podía ver y escuchar lo que sucedía en su mundo mientras ella buscaba el árbol de la vida.
Segundos después, se percató de que no eran noticias buenas, era un aviso a toda la comunidad dónde decía que un Dictador había llegado a la Tierra a gobernar y que toda la población de la Tierra estaba horrorizada por tantos cambios en su sistema y estructura de gobierno, todos sin excepción le tenían que hacer caso a ese mal hombre.
En las noticias se mencionaban los cambios que había hecho este nuevo dictador en la Tierra y Ethel se quedó sorprendida, no daba crédito de lo que escuchaba. El nuevo gobernante había mandado quemar todos los libros existenetes en el planeta, se les prohibía a los humanos leer cualquier texto que no fueran los anuncios dados por él. Este hombre desconocido también prohibía la música en el mundo entero, estaba estrictamente prohibido escuchar, tocar o cantar cualquier melodía. Aquellos que fueran sorprendidos leyendo, haciendo o escuchando música serían severamente castigados.
Lo que más sorprendió a Ethel fue cuando escuchó que aquel hombre poderoso había impuesto un costo sobre las sonrisas de la gente, estaba permitido sonreír en la Tierra, pero cada sonrisa tenía un costo de 100 dólares. Los humanos estaban horrorizados y Ethel sentía una gran impotencia por no poder hacer nada al respecto. Se sintió responsable por salvar a los habitantes de su planeta, pues era ella la única que podía actuar en contra del nuevo dictador desde Marte. Rompió en llanto. Deseaba má que nunca encontrar el árbol de la vida.
Ethel ya no quisó seguir escuchando las terribles noticias y se alejó de aquel extraño aparato. Caminó sin rumbo y a prisa, tenía poco tiempo para encontrar el árbol de la vida y todavía no tenía ninguna pista sobre dónde podría estar. Se encontraba en un estacionamiento de coches marcianos y sin pensarlo, se subió a uno de los vehículos que volaban y lo encendió. Ahora le sería más fácil moverse por Marte y encontrar el árbol de la vida- “antes de que sea demasiado tarde”-pensó. Y emprendio en vuelo hacia la próxima ciudad marciana, tenía la esperanza de encontrar ahí el árbol de la vida.

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