Víctor despertó de ese sueño, sabiendo que ya no se encontraba en Marte, recordaba todo lo que había pasado y como había cambiado su vida desde que el árbol se le había atravesado en su camino aquel día en la plaza de Galerías Cuernavaca. Entonces pensó en qué era lo que debía suceder ahora con el árbol. Lo primero que le vino a la mente fue que era muy importante para las personas desear diversas cosas y que el árbol había servido mucho para que ellas pensaran en esto, pero también se dio cuenta de que era muy grave ver como ahora todos ponían ahí sus deseos y ya no tenían que esforzarse por conseguirlos, ya que se cumplirían mágicamente. Por esto llego a la conclusión que el árbol como símbolo debería de continuar existiendo para seguir invitando a que todos se acordaran de desear cosas para poder seguir adelante, pero no dudo que la magia debía desaparecer, ya que si no se lucha por los deseos no da la misma satisfacción y orgullo cuando estos se cumplen.
Después le vino a la mente la figura del dictador que ahora tenía el mando de las Naciones Unidas, y pensó que este era un problema en el que él y todos debían de intervenir para solucionarlo. Víctor se encontraba completamente convencido que una persona con esas características no debía de tener tanto poder, ni en la tierra ni en ningún otro lado, así que debían de quitárselo. Para poder cumplir un deseo así de fuerte, debía de ser anhelado por varias personas al mismo tiempo. Tal vez todo pedirían ese deseo de diferentes formas, pero al final sería el mismo, derrocar al dictador de la tierra.
Todos están reunidos en el árbol de la vida formando un círculo alrededor de el y tomados de las manos. Se sentía la unión en otro todos. De pronto el árbol poco a poco se desvaneció y desapareció. Nadie supo jamás que pasó con el. Vícitor abre los ojos, y se despierta de una gran sueño en su habitación.
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